En una Catedral iluminada por el Cirio Pascual, Mons. Francisco Javier Stegmeier presidió la “Madre de todas las Vigilias”. Durante su homilía, recordó el legado de San Juan Pablo II y llamó a los fieles a ser testimonios vivos del amor de Dios, en una noche que culminó con cantos y danzas de alegría pascual.

La noche del Sábado Santo, 4 de abril, la Diócesis de Villarrica vivió el momento culminante del año cristiano: la Solemne Vigilia Pascual. La celebración, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Francisco Javier Stegmeier, fue un despliegue de fe y simbolismo que recorrió el camino desde la muerte a la victoria de la Vida.

La liturgia se inició en el exterior de la Catedral con la Bendición del Fuego, desde donde se preparó y encendió el Cirio Pascual, símbolo de Cristo Resucitado iluminando la historia de la humanidad.

En una procesión solemne, la luz del Cirio fue ingresando al templo en penumbras, contagiando su llama a las velas de cientos de fieles, hasta que el Pregón Pascual anunció con júbilo la victoria del Señor.

Un momento de gran impacto visual se vivió con el encendido general de luces y el descubrimiento del fondo del altar, cuando se retiraron las cortinas que cubrían la pintura de la Pasión para revelar el esplendor del presbiterio en esta fiesta de la luz.

Durante su homilía, Monseñor Stegmeier evocó una frase que marcó el corazón de Chile: “Como nos dijo San Juan Pablo II en su visita a nuestra patria: el amor vence siempre, Dios siempre puede más, ¡el amor es más fuerte!”. El Pastor enfatizó que la Resurrección es la base de nuestra fe y esperanza, asegurando que para Dios nada es imposible.

Haciendo referencia al octavo centenario de la pascua de San Francisco de Asís, el Obispo llamó a los presentes a ser testimonios vivos: “Cada uno de ustedes es un Francisco de Asís a la espera de que Dios actúe en sus vidas. Su vida fue una administración del amor de Cristo a los hermanos. En todo momento tenemos que evangelizar y, solo cuando es necesario, usar las palabras”.

La liturgia bautismal fue otro de los hitos de la noche. Tras las letanías de los santos, el Obispo realizó la Bendición del Agua, sumergiendo tres veces el Cirio Pascual en la pila para significar la fuerza santificadora de Cristo. Acto seguido, toda la asamblea realizó la Renovación de las Promesas Bautismales, reafirmando su fe en el Dios de la Vida. La celebración prosiguió con la presentación de las ofrendas y la Comunión, donde Monseñor recordó que nuestra unión eucarística es prenda de la vida eterna.

Antes de la bendición final, se vivió un momento de especial ternura filial: seminaristas del Seminario Mayor San Fidel se acercaron al altar para ofrendar flores a la Virgen del Carmen. Mientras toda la asamblea entonaba el Regina Coeli, el Obispo incensó la imagen de la Patrona de Chile, encomendando a la Madre de Dios el caminar de toda la diócesis a 100 años de su coronación.

Al finalizar la misa, el gozo se trasladó al atrio de la Catedral. Miembros de las comunidades del Camino Neocatecumenal celebraron con guitarras, panderetas y sevillanas, danzando y cantando que Cristo ha resucitado. Con este estallido de alegría popular, la Diócesis de Villarrica inicia los cincuenta días del tiempo de Pascua, llevando al mundo el mensaje de que, efectivamente, el amor es más fuerte.
