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Ordenaciones diaconales en nuestra Diócesis

Hermanos en Jesucristo:

El Señor nos alegra con la ordenación diaconal de nuestros hermanos llamados al sacerdocio: Daniel Ernesto Rojas Pinochet, oriundo de Angol, que se ordenará el 17 de marzo en la Parroquia San Francisco de Pucara en Villarrica, Cristian Eduardo Rivera Suazo, de Toltén, que se ordenará el 24 de marzo en la Parroquia San Antonio de Toltén y Erwin Rodrigo Sanhueza Godoy, de Máfil, que se ordenará el 7 de abril en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Máfil. Estamos todos invitados a acompañarlos con la oración y nuestra participación en tan significativas celebraciones, todas ellas a las 11:00 horas en sábado.

El Señor ha hecho con Daniel, Cristian y Erwin una historia de amor que arranca desde la eternidad y que pasa por la familia, la parroquia, la escuela y el seminario. Y es una historia que se proyecta al futuro en la confianza de saber que todo está regido por la Providencia sabia y amorosa de Dios. Los jóvenes que se ordenan quisieron sintetizar en un lema la historia de salvación que Dios ha hecho con ellos y sus esperanzas en el ejercicio de su futuro ministerio diaconal y luego sacerdotal.

Daniel ha elegido el lema: “El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna. No abandones la obra de tus manos” (Sal 138,8). Quien tiene la vocación sacerdotal sabe que ella no es por mérito propio, sino por la inmerecida misericordia del Señor. El sacerdote será fiel sólo si se abandona por completo en las manos de Dios, fuente de toda gracia y bendición.

Cristian tiene por lema: “Ay de mi si no evangelizare” (1Tm 9,16). El Señor ha constituido a los sacerdotes para anunciar a Jesucristo y su Evangelio, comunicando su redención y su vida divina a todos por medio de la predicación de la Palabra de Dios, que suscita la fe, y los sacramentos, que nos incorporan a Cristo y a su Iglesia.

El lema de Erwin es: “…Para que estuvieran con Él” (Mc 3,14). Jesús eligió a los sacerdotes por amor para hacer partícipes a otros de ese amor. Pero la alegría del sacerdote brota de la unión íntima y vital con Cristo, de cuyo amor vive y se alimenta. Este estar con Cristo se realiza principalmente por la escucha de la Palabra de Dios, la oración asidua y la celebración diaria de la Eucaristía.

Les invito que oremos por ellos al Señor por intercesión de la Virgen María, porque experimentarán la debilidad de su condición pecadora, los halagos del mundo y las tentaciones del demonio. Acompañémoslos con la cercanía de la caridad cristiana, incluso con la corrección fraterna según el Evangelio, para que sean fieles siervos de Cristo, de la Iglesia y de sus hermanos.

Francisco Javier 

Obispo de Villarrica