Home < Mensaje del obispo < Monseñor Francisco Javier: “Un padre humano será mejor padre en la medida en que participa más plenamente de la paternidad divina”

Monseñor Francisco Javier: “Un padre humano será mejor padre en la medida en que participa más plenamente de la paternidad divina”

Hermanos en Jesucristo:

Con ocasión del Día del Padre, a celebrarse este domingo, hay que recordar la enseñanza de la Palabra de Dios respecto al sentido de la paternidad humana. Por la fe sabemos que en el misterio de la Trinidad, Dios es Padre porque tiene un Hijo eternamente engendrado. Por eso, nadie puede ser Padre como lo es Dios. Así se entienden las palabras de Jesús: “A nadie llamen padre sobre la tierra, porque sólo uno es su Padre, el del Cielo” (Mt 23,9). Además, nadie lo puede suplantar en cuanto origen de toda paternidad en la tierra.

Porque de Dios “toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra” (Ef 3,15), la comunidad de vida entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo es el origen y el modelo de la convivencia humana y muy particularmente de la familia surgida de la unión de un hombre y de una mujer unidos como esposos en el matrimonio y disponibles a ser fecundos en la transmisión de la vida a sus hijos. El varón está llamado a participar de la paternidad de Dios Padre. Un padre humano será mejor padre en la medida en que participa más plenamente de la paternidad divina.

Esta paternidad se aplica tanto a la biológica como a la espiritual. En ambos casos se comunica vida. Un ejemplo de paternidad espiritual es la  de San Pablo, quien dice a los Corintios: “Aunque hayan tenido diez mil pedagogos en Cristo, no han tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, los engendré en Cristo Jesús. Les ruego, pues, que sean mis imitadores. Por esto mismo les he enviado a Timoteo, hijo mío querido y fiel en el Señor” (1 Cor 4,15-17).

Ahora bien, en el plan de Dios desde los orígenes de la Creación  -como es por lo demás obvio-, la paternidad humana está esencial e intrísecamente referida al varón, así como la maternidad lo está a la mujer. No hay hombres madres, ni mujeres padres. Por lo mismo, la paternidad y la maternidad no sólo dicen relación necesaria a los hijos, sino que también a la unión esponsal del hombre y de la mujer en el matrimonio monógamo, indisoluble y fiel.

La historia demuestra que cuando la paternidad y la maternidad se viven en conformidad a la verdad de la dignidad del hombre y de la mujer según el sabio y amoroso designio de Dios, las personas, las familias y la entera sociedad son más felices. Lo contrario trae como consecuencia los males que lamentablemente nos invaden.

En relación al padre de familia, es necesario recordar que es su responsabilidad    -junto a su esposa-  educar a sus hijos según las propias convicciones personales y religiosas.  Nunca se debe permitir que el Estado suplante a los padres en los derechos y deberes privativos de ellos en lo que se refiere a los hijos.

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica