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Reflexión de Mons. Stegmeier: “San Juan Pablo II, apóstol de Cristo”

Hermanos en Jesucristo:

 

El 22 de octubre la Iglesia celebra a San Juan Pablo II. Este “Mensajero de la Vida y Peregrino de la Paz” visitó Chile en 1987 para anunciarnos a Cristo, Vida del mundo y Paz de las naciones.

 

Hay una frase de Juan Pablo II que traspasó nuestros corazones: “Miradlo a Él”. Aún tenemos grabada en nuestras retinas la impronta de un profeta que con el vigor suscitado por el Espíritu Santo apuntaba con su dedo la imagen de la faz de Cristo. Este Ángel del Señor nos dio un mensaje inolvidable con sus palabras, con su tono de voz, con la expresión de su rostro y con su brazo extendido.

 

Como el Ángel del Apocalipsis que visita a las Iglesias (ver Ap 2-3), el Papa se da cuenta que algo no andaba bien en el Pueblo de Dios que peregrina en Chile.

 

Quizá en nuestra pastoral, Cristo había sido reducido a un hombre sabio, a un profeta o a un reformador social. En definitiva, alguien a quien se escucha, a quien se sigue, a quien se imita. Pero no de quién y en quien se vive.

 

Cristo es la Vida que nos hace participar de su propia Vida eterna. El Papa nos decía: “¡Buscad a Cristo! ¡Mirad a Cristo! ¡Vivid en Cristo! No puede haber auténtico crecimiento humano en la paz y en la justicia, en la verdad y en la libertad, si Cristo no se hace presente con su fuerza salvadora”.

 

Esta vida es la que Cristo nos comunica a través de su Cuerpo, que es la Iglesia. Es la vida de la gracia que el Señor nos da por los Sacramentos, sobre todo la Eucaristía, por la meditación de la Palabra de Dios, la oración y el estudio de la enseñanza de la Iglesia.

 

Pasaron varios años y volvimos a ser visitados por un Papa, ahora Francisco. Tal vez por el distinto contexto cultural, no se nos han quedado grabadas sus frases. Pero sí nos impactó lo que dijo meses después: Cristo no está en el centro. Son otras palabras, pero es el mismo mensaje de Juan Pablo II.

 

Para que no se le diga al Pueblo de Dios en Chile “conozco tus obras y que tienes nombre de vivo, pero estás muerto” (Ap 3,1), es necesario volver a poner en el centro a Cristo, no a nuestro protagonismo.

Mons. Francisco Javier Stegmeier.

Obispo de Villarrica.