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Reflexión de Mons. Stegmeier: “Como María, toda persona se alegrará con gozo y alegría

Hermanos en Jesucristo:

 

En el tercer Domingo de Adviento escucharemos que “volverán los rescatados del Señor, vendrán con gritos de júbilo, y sobre ellos habrá alegría eterna, alcanzarán gozo y alegría, y desaparecerán la tristeza y el llanto” (Is 35,10). A través de estas palabras, el Espíritu Santo suscita en nosotros la virtud teologal de la esperanza que nos asegura el cumplimiento de la promesa de salvación.

 

La salvación de Cristo, que alcanzará su plenitud en la Parusía, nos rescata del pecado con sus frutos de muerte, tristeza y llanto, y nos concede la vida nueva de los hijos de Dios con sus frutos de gritos de júbilo, gozo y alegría eterna.

 

En mitad del tiempo de Adviento celebramos la hermosa Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Ella precede la venida del Mesías Salvador porque la gracia de Dios anticipa en su alma y cuerpo lo que nosotros recibimos después de nuestra concepción y nuestro nacimiento por el bautismo.

 

La Iglesia nos enseña que la Virgen María “fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano”.

 

La plenitud de gracia de María se traduce en su alegría mesiánica. Es por ello que el Ángel le dice: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28) e Isabel le dice: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1,45). La misma Virgen María expresa la exultación de su corazón cuando canta: “Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lc 1,47).

 

“María en la ‘noche’ de la espera de adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera ‘estrella de la mañana’. En efecto, igual que esta estrella junto con la ‘aurora’ precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del ‘sol de justicia’ en la historia del género humano” (San Juan Pablo II).

+Mons. Francisco Javier Stegmeier.

Obispo de Villarrica.