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Reflexión de Mons. Stegmeier: “Ha nacido la salvación del mundo”

 

Hermanos en Jesucristo:

 

En Navidad dicen los ángeles: No teman, a ustedes les traigo el Evangelio, una gran alegría, que es para todo el pueblo: Pues les ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, Señor, en la ciudad de David”, que es Belén (Lc 2,10-11).

 

La mejor noticia de toda la historia es esta: ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor. Esta es la única buena noticia a la que se le llama “Evangelio”, ya que ha nacido un Niño a quien se le pondrá por nombre “Jesús”, es decir, Dios salva. Él es el “Emmanuel”, Dios con nosotros.

 

Sólo puede haber alegría plena en quien ha recibido este Evangelio y ha creído en Él por la fe. Es la alegría de la salvación que ha llegado a toda la humanidad y a cada persona.

 

El Evangelio, cuyo nombre es Jesucristo, sólo puede ser reconocido y aceptado por la fe. No puede ser de otro modo, pues “esto tendrán ustedes por señal: encontrarán un Niño arropado en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12).  

 

El todopoderoso Creador del universo se hizo hombre, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado. Siendo Él santísimo, quiso asumir la condición de siervo humilde con todas las consecuencias del pecado, incluyendo la muerte. El esperado de las naciones nace en un establo, vive oculto en Nazaret, camina predicando el Evangelio en pobreza, sin tener dónde reclinar su cabeza y concluye su vida terrena crucificado como un malhechor y despreciado de todos.

 

El mundo, con sus grandezas humanas y avances tecnológicos, va camino a la perdición sino cree que un Niño débil, nacido muy lejos del poder humano, es el único que puede salvar. Solo Él puede quitar la causa última del mal del mundo, fuente de odio, guerras e injusticias: el pecado, que separa de Dios.

 

Como nunca se habla de paz. Naciones Unidas y tantas otras instituciones están dedicadas a promover la paz. Gente inteligentísima estudia cómo lograrla. Es incontable el dinero que se gasta para ello. ¡Y cada vez hay menos paz y hay más guerra!

 

No hay paz porque no se la busca en donde está: en Jesús, “nuestra paz” (Ef 2,14).

+Mons. Francisco Javier Stegmeier.

Obispo de Villarrica.