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Reflexión de Mons. Stegmeier:”He aquí que hago nuevas todas las cosas”

Hermanos en Jesucristo:

 

Hemos celebrado el nacimiento de nuestro Divino Redentor, Jesucristo. Él es el Señor de la historia y del tiempo. Es el único de todos los hombres que puede decir con propiedad: “Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin” (Ap 21,6). Su venida marca un antes y un después en el acontecer de la humanidad. Por eso dividimos todo el devenir del mundo en “antes de Cristo” y “después de Cristo”.

 

En el momento en que Dios se hizo hombre encarnándose en el seno purísimo de la Virgen María, podemos poner en los labios de Cristo: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”(Ap 21,5). En cambio, al comienzo de la historia, cuando todo sale nuevo de las manos creadoras de Dios, el hombre lo envejeció todo con su pecado. El ser humano se vuelve caduco, decrépito y mortal.

 

El Año Nuevo nos hace mirar el futuro con esperanza, en nuestro deseo de que vengan tiempos prósperos en bienes espirituales y materiales. Para que esto sea una realidad, tenemos que volver la mirada a Cristo. Los tiempos nuevos dependen de hombres hechos nuevos por Cristo: “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo”(2 Cor 5,17).

 

Cristo, por ser el único hombre que es Dios, hace lo que dice y cumple lo que promete. Él nos ha asegurado: “Se alegrará su corazón y su alegría nadie se la podrá quitar”(Jn 16,22) y “Les dejo la paz, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo”(Jn 14,27). Y el don más grande que nos ofrece el Señor es la vida divina, que Él posee en plenitud: “Yo les doy vida eterna”(Jn 10,28).

 

Los esfuerzos, a veces bien intencionados, de construir un paraíso en la tierra al margen de Cristo y de su Redención terminan en fracaso, como todos los falsos mesianismos que se han sucedido a lo largo de la historia, sobre todo en los últimos tiempos.

 

Solo Cristo puede hacer una historia nueva de justicia y fraternidad por medio de hombres nuevos, a quienes ha salvado y ha colmado de la vida nueva infundida en sus corazones por el Espíritu Santo.

 

¡A todos les deseo un feliz y próspero Año Nuevo!

 

+Mons. Francisco Javier Stegmeier.