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Chile: ¿Sigue siendo “una Mesa para todos”?

Hermanos en Jesucristo:

La Patria es más que sus símbolos, como su bandera, su himno o su baile nacional. La Patria es, ante todo, la comunidad de personas que comparten un mismo territorio, una misma historia y un mismo proyecto nacional que se orienta hacia el futuro, pensado en el bien de las generaciones que se van sucediendo, hasta la consumación de la historia cuando vuelva Cristo al final de los tiempos.

La persona humana es la culminación de la obra creadora de Dios. El hombre y la mujer son “imagen y semejanza” de Dios (ver Gen 1,26-27). Ellos han sido creados para hacer participar a otros del don de la vida y cultivar la creación responsablemente para bien propio y de los demás: “Los bendijo Dios, y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla» (Gn 1,28).

Para comprender el lugar del hombre en la creación, dice el Señor: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. El Hijo del hombre también es señor del sábado” (Mt 27-28). Y San Pablo enseña: “Todo es de ustedes y ustedes, de Cristo y Cristo de Dios” (1 Cor 3,22-23).

Todo ha sido creado por Dios para el hombre. Para que esto se haga realidad, la condición es que el hombre entienda que él mismo ha sido creado para Dios. La obediencia del hombre a Dios, hecha posible por Cristo, es el único modo de asegurar el respeto de la dignidad de toda persona y el buen uso del medio ambiente.

En cambio, la desobediencia a Dios conduce a la violación de los derechos humanos y se ofende al Creador desvirtuando el sentido de la creación y haciendo mal uso de ella, como acontece, por ejemplo, con la ideología de género.

La doctrina de los “derechos humanos” tiene su raíz en la verdad del hombre y de su dignidad según la Palabra de Dios, interpretada por la Iglesia. Mientras en Chile se reconocía culturalmente la verdad de la persona, por la influencia de la fe cristiana, se aseguraba el respeto legal de la dignidad de todos, sin exclusión de nadie. Chile era una “mesa para todos”.

Pero eso cambió. La cultura “oficialista” deja de lado la verdad del hombre y la reemplazó por una categoría mental, que defiende “derechos humanos” según la ideología de moda. Así, ayer fueron los judíos los que no tenían derechos, con sus trágicas consecuencias. Hoy son los niños por nacer. La historia nos juzgará con dureza en el futuro, tal como hoy lo hacemos al juzgar las violaciones de los derechos humanos en el pasado.

En Chile está prevaleciendo la cultura de la muerte que descarta arbitrariamente al niño por nacer. Ya la “mesa no es para todos” es para aquellos privilegiados a quienes el Estado totalitario concede nacer. Y esta es la peor y la más intolerable de las violaciones.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica