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Reflexión de Mons. Stegmeier: in-curable no significa in-cuidable

Hermanos en Jesucristo:

La iglesia acaba de publicar un documento llamado “Samaritanus Bonus” (El Buen Samaritano), sobre el cuidado de las personas enfermas en las fases críticas y terminales de la vida. 

Es un texto iluminador en el contexto del avance de la cultura de la muerte a través de leyes que promueven ya no solo el aborto, sino también la eutanasia y el suicidio asistido. De hecho, esta última ley ya está siendo discutida en el parlamento chileno. En la cultura de la muerte, que va de la mano con el aumento del secularismo y de la descristianización de la sociedad, se pierde la visión integral de la persona humana, en la misma medida en que se rechaza a Dios y no se considera que el hombre haya sido creado por Él a su imagen y semejanza.

El desconocimiento de la plena verdad de la persona, de su dignidad y de su trascendencia que lo impulsa a la plenitud de una vida eterna en Dios, impide dar un sentido humano al sufrimiento y a la enfermedad y también al cuidado de quienes se encuentran en fases críticas y terminales de la vida.

Una idea que hay que tener siempre presente es que no porque una persona tenga una enfermedad “in – curable” sea “in – cuidable”. No siempre se puede curar, pero si se puede siempre cuidar. El amor debido a toda persona es el principal motivo para cuidar con mayor cercanía, afecto y delicadeza a los enfermos  incurables o en estado terminal.

El acompañamiento humano y cariñoso del enfermo es una misión que pertenece a la esencia del personal de salud. Su tarea no se restringe a lo específicamente terapéutico. Si así fuese, estaríamos en presencia de una perspectiva sólo técnica del ejercicio de la medicina. Quienes trabajan en el área de la salud son personas que sirven a personas vulnerables, especialmente necesitadas de afecto y de atención espiritual.

Pero el enfermo necesita mucho más todavía y sobre todo de su propia familia y de la comunidad religiosa. Un ambiente de amor, de atención diligente, cariñosa y paciente son fundamentales para hacer más llevadera la enfermedad incurable o terminal. Qué importante es que la persona enferma no se sienta como una carga para sus familiares, precisamente porque se siente amada de un modo muy especial.

La atención espiritual y religiosa de parte de la comunidad cristiana es necesaria, porque en definitiva es la fe en Cristo crucificado y resucitado, vencedor de la muerte, quien da el sentido trascendente de la enfermedad y del dolor. Sólo la certeza de que hay vida eterna hace soportable el dolor intenso y la perspectiva de una próxima muerte. El amor de Cristo es la fuerza para cuidar al enfermo y para que el enfermo viva en paz su dolor.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica