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Reflexión de Mons. Stegmeier: Cristo, Rey de los corazones

Hermanos en Jesucristo:

La Iglesia está concluyendo el año litúrgico y la sociedad se acerca al fin de un año y al comienzo de otro. Al término de un periodo de la vida de la Iglesia y de la historia volvemos la mirada a Aquel que da sentido a todas las cosas, que conduce los acontecimientos y que lleva todo a su plenitud. Volvamos la mirada a Cristo.

La Palabra de Dios revela el lugar que ocupa Cristo no solo en la Iglesia, sino también en la sociedad, en la historia y en toda la creación. La voluntad del Padre es “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1,10), “porque en Cristo fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por Él y para Él, Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia” (Col 1,16-17).

El mismo Jesús dijo antes de subir al Cielo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18). La fe nos asegura que Cristo es el Señor de todo, entendido en sentido literal. Nada escapa al señorío de Cristo. Él es el Rey del Universo. Así lo expresaba San Juan Pablo II: “¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo! Abran a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengan miedo!”.

Los dramáticos acontecimientos que estamos viviendo en nuestra Patria y en nuestra Región de La Araucanía nos muestran qué pasa cuando el hombre, la familia y la sociedad se alejan de Dios. Se producen profundas divisiones, violentas confrontaciones, desconfianzas mutuas… Y mientras más lejanía de Dios, mayores son los problemas.

Jesucristo es el único cuyo señorío trae la paz permanente, porque Él con su muerte y resurrección nos ha reconciliado con Dios y entre nosotros. Por eso afirma San Pablo: “Mas ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que en otro tiempo estaban lejos, han llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, el odio” (Ef 2,13-14).

La celebración del misterio de Cristo Rey del Universo el próximo Domingo tiene que llevarnos a una mayor conversión personal a Él. El primer paso para el reinado social de Cristo, es el triunfo de su amor en el propio corazón, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5). Cristo será el Señor de todas las cosas cuando sea el Señor de todos los corazones.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica