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Reflexión de Mons. Stegmeier: “Al problema de fondo, la solución de fondo”

Hermanos en Jesucristo:

El problema de fondo que estamos viviendo en nuestro país es el olvido de Dios de parte de mucha gente. Y entre un gran número de cristianos es el error de considerar a Cristo como ajeno a la dimensión social de la persona. Piensan ellos que los cristianos tienen que dejar de creer que la Iglesia es llamada por Dios a iluminar toda la realidad humana con la luz de Cristo. Más bien afirman equivocadamente que es la Iglesia la que debe renunciar a la verdad que Dios le ha confiado y debe asumir los pensamientos y las ideologías de moda.

Los “valores evangélicos” adulterados por la mundanidad dejan de ser Evangelio, “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). Aunque haya buenas intenciones, estos “valores evangélicos” se convierten en instrumentos de secularización y descristianización de las personas y de la sociedad.

San Pablo VI escribió que “un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podría aparentemente triunfar. Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre“.

El problema de fondo de nuestro querido Chile es la no consideración de Dios en las decisiones de sus habitantes y autoridades.

A grandes males, grandes remedios. La solución de fondo y definitiva a nuestros graves problemas es volver de nuevo a Dios. El alma de la Patria es cristiana y solo siendo fieles a Cristo, Chile volverá a ser el Chile de siempre.

La Iglesia es el Pueblo mesiánico llamado a ser luz, sal y levadura de todos y de todo. Los cristianos somos enviados por Cristo a ofrecer la solución a los problemas que nos aquejan y nos duelen.

En un país de profundas raíces cristianas, para ser de nuevo hermanos, instaurar la justicia para todos y poder convivir en un ambiente de confianza y de paz es condición necesaria para volver a reconocer a Cristo como el Señor de cada persona, de la sociedad entera y de toda la historia.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica