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Reflexión de Mons. Stegmeier: “Dichosa la nación cuyo Dios es el señor”

Hermanos en Jesucristo:

 

En el 18 de septiembre recordamos nuestra historia patria y elevamos a Dios la acción de gracias por los beneficios otorgados a quienes formamos parte de esta nación, llamada Chile.

 

El “Te Deum” es el cántico de acción de gracias al Señor que comienza diciendo: “A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos”. El Te Deum se comenzó a realizar por iniciativa de laicos. El primero es el 10 de enero de 1811 en Los Ángeles, a solicitud de Don Bernardo O’Higgins. Luego vino el de Santiago, el 18 de septiembre de 1811, a instancia de Don José Miguel Carrera.

 

El anhelo de los patriotas de elevar la acción de gracias al Señor con la Santa Misa es un claro indicio que su intención es emanciparse de la España ilustrada y liberal de los Borbones, pero no emanciparse de Dios, de la fe en Cristo y de la Iglesia Católica. Es también signo de esto el voto a Dios de Don Bernardo O’Higgins de construir un templo a gloria de Dios y en honor a la Virgen del Carmen en el mismo lugar en que se decidiese la victoria final de los ejércitos patriotas.

 

El sustrato cristiano de los Padres de la Patria y de toda la nación chilena les hacía comprender que es “dichosa la nación cuyo Dios es el Señor” (Sal 33,12). Como se dice, esta es una verdad del porte de un buque. La historia muestra sin lugar a dudas que los países más felices son los que reconocen a Cristo como su Señor y viven conforme al Evangelio. Quizá no sean los más ricos y desarrollados materialmente, pero sí poseen la alegría y la paz prometidas por el Señor, se vive la verdadera justicia y fraternidad.

 

Es una verdad del porte de un buque, que el Chile profundo conoce, pero que las élites intelectuales y políticas son incapaces de ver. Para salvar la Patria tiene que ser Jesucristo quien la salve. Todavía en una mayoría de chilenos prevalece el sentido común y el sentido de la fe. No permitamos que la necedad e irreligiosidad de las élites nos arrebaten la Patria.

 

Y no dejemos de decir: “Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti”.

 

+Mons. Francisco Javier Stegmeier.

Obispo de Villarrica.