En una solemne celebración en la Iglesia Catedral, Mons. Francisco Javier Stegmeier presidió la Misa de la Cena del Señor, centrando su mensaje en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y el mandato del amor fraterno.

VILLARRICA.– Con el Templo Catedral colmado de fieles, la comunidad de Villarrica dio inicio al Triduo Pascual este Jueves Santo a las 20:00 horas. La Santa Misa de la Cena del Señor fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Francisco Javier Stegmeier, en compañía del párroco de la Catedral, Pbro. Alejandro Gutiérrez, y el diácono permanente, don Roberto Aguirre.

“Nos amó hasta el extremo”
Durante su homilía, el Obispo reflexionó profundamente sobre el sacrificio redentor de Jesús: “Solo el amor de Cristo nos puede salvar, porque Él nos amó hasta el extremo”, señaló. Monseñor destacó que Dios, en su infinito deseo de permanecer junto al hombre, no solo se hizo carne, sino que quiso quedarse bajo las humildes especies del pan y del vino.

Haciendo referencia al contexto actual, el Pastor advirtió que el mundo de hoy, marcado por divisiones y falta de esperanza, necesita urgentemente del amor de Dios. “El amor divino nos convierte, nos transforma y nos capacita. Debemos mirar a Cristo para aprender cómo hemos de amar”, enfatizó, recordando también el testimonio de San Francisco de Asís al conmemorarse los 800 años de su tránsito al cielo.

El ejemplo del Maestro
Un momento de especial recogimiento se vivió durante el Lavatorio de los Pies, donde el Obispo, repitiendo el gesto de Jesús con sus apóstoles, lavó los pies a miembros de la comunidad como signo de servicio y humildad.

Asimismo, hizo un sentido llamado a la oración por las vocaciones: “Recemos por nuestros sacerdotes y oremos para que nunca nos falten pastores que nos entreguen la Eucaristía”, pidió a la asamblea, instando a los fieles a crecer en la fe por medio del Espíritu Santo.

Oración en el Monumento
Tras la comunión, se realizó la solemne reserva del Santísimo Sacramento. En procesión, el copón fue trasladado hasta el Monumento, un lugar de oración especialmente preparado para la adoración eucarística.

La Catedral permaneció abierta hasta la medianoche en un clima de silencio y respeto. Mientras los fieles se turnaban para acompañar al Señor en su agonía en el Huerto, tanto el Obispo como el párroco, Pbro. Alejandro Gutiérrez, permanecieron en los confesionarios administrando el Sacramento de la Reconciliación a los numerosos fieles que se acercaron para preparar su corazón hacia la Pascua.

