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MONSEÑOR STEGMEIER: “EN EL AÑO DEL SEÑOR 2019, CADA UNO DE NOSOTROS QUIERE LA PAZ”

Hermanos en Jesucristo:

Al concluir un año y a horas de comenzar uno nuevo, elevemos nuestra acción de gracias al Señor por todos los beneficios de su Provincia a lo largo del 2018 y pidamos que derrame su bendición en el Año Nuevo sobre nosotros, nuestras familias, nuestra patria y en particular nuestra Región, tan necesitada de paz.

El anhelo del corazón humano es estar en armonía consigo mismo y con los demás. Pero la experiencia nos dice que ese anhelo rara vez queda satisfecho plenamente. Esto es así, porque el orden sabiamente establecido por Dios en la Creación quedó dañado a causa del pecado original. El hombre ya no es capaz de relacionarse con el prójimo como con un hermano, creado a imagen y semejanza de Dios. No puede tratarlo en el respeto pleno de su dignidad de persona en la verdad, la justicia y el amor.

Por las consecuencias del pecado, el fuerte tiende a usar al más débil para fines egoístas, pasando a llevar su dignidad y siendo injusto con él. Esto que pasa a nivel individual, también pasa a nivel de grupos y de países. Sin embargo, cada uno de nosotros y los mismos pueblos como tal quieren la paz. Pero la realidad nos muestra que la beligerancia y el conflicto al interior de las familias y de las comunidades aumentan, porque no se busca la paz en dónde se la puede encontrar: “Ellos buscarán la paz, pero no la habrá” (Ez 7,25).

Por la presencia del pecado en nuestro corazón y en el mundo, es falsa la pretensión de que el hombre pueda salvarse por sí mismo y alcanzar la paz definitiva, fruto de un supuesto progreso indefinido de la sociedad “liberada” de la fe cristiana. Es al revés: El rechazo de Dios es el que ha producido los más grandes atentados contra la paz, suscitando terribles guerras que se van sucediendo como nunca antes en la historia. Pareciera que el mundo es así y que hay que resignarse a que no es posible una armoniosa convivencia y una paz social justa.

Pero esto no tiene por qué ser así. Lo que nos está pasando es por habernos apartado del Señor. A este mundo le dice el profeta: “Si hubieras andado por el camino de Dios, habrías vivido en paz eternamente” (Bar 3,13). Pero el Señor nos promete: “Concluiré con ellos una alianza de paz” (Ez 34,25).

Es la paz que sólo puede proceder de Cristo, “porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad (…), para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. Vino a anunciar la paz: paz a ustedes que estaban lejos, y paz a los que estaban cerca” (Ef 2,14-17).

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica