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MONSEÑOR STEGMEIER: “DESCANSEMOS EN JESUCRISTO”

Hermanos en Jesucristo:

El Señor ha sido generoso con nuestra región, al regalarnos unos paisajes tan hermosos. Por eso la gran afluencia de turistas con la intención de descansar. La persona desarrolla sus capacidades a través del trabajo, para su propio bien, el de su familia y el de la sociedad. Porque el trabajo es para la realización de la persona, por eso es necesario descansar. El relato de la Creación dice: “Dios, habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró” (Gn 2,2-3).

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, está llamado a trabajar “seis días” y a descansar “el séptimo día” (ver Ex 20,9-10). El trabajo ocupa más horas que otras actividades, pero el mandato de Dios de descansar recuerda que hay otras cosas que son más importantes. Por sobre todo está nuestra relación con Dios. Y después la relación con la familia. Por eso los tres primeros mandamientos del Decálogo se refieren a Dios y, de inmediato después, está el mandamiento de honrar padre y madre (ver Ex 20,1-17).  

Así como el trabajo debe estar al servicio del hombre, ayudándole a “humanizarse” en su relación con Dios y con los demás, así también el descanso. No cualquier descanso procura el bien del hombre y de la sociedad.  De alguna manera, todo descanso verdaderamente humano debe ser como un reflejo del eterno y alegre descanso con Dios en el Cielo. En la tierra se alternan trabajo y descanso. La eternidad será sólo participación en el descanso de Dios.

El Papa Francisco en su Encíclica Laudato Sii, que comprende el mundo como Creación de Dios, habla del descanso: “El ser humano tiende a reducir el descanso contemplativo al ámbito de lo infecundo o innecesario, olvidando que así se quita a la obra que se realiza lo más importante: su sentido. Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita, que es algo diferente de un mero no hacer. Se trata de otra manera de obrar que forma parte de nuestra esencia. De ese modo, la acción humana es preservada no únicamente del activismo vacío, sino también del desenfreno voraz y de la conciencia aislada que lleva a perseguir sólo el beneficio personal” (237).

En vacaciones, para descansar de verdad, hay que dedicarle tiempo a Jesucristo en la oración, en su Palabra y en la Misa dominical. ¡Y cuánto se descansa cuando se tiene la conciencia tranquila a través de una confesión sacramental bien hecha! También hay que estar con la familia y los amigos, dedicados al alegre compartir y a conversar para crecer en el conocimiento y amor mutuos.

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica