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Monseñor Stegmeier: “En la JMJ se percibe cómo la Iglesia es un solo Pueblo de Dios unidos en el Señor”

Hermanos en Jesucristo:

Desde el 22 al 27 de enero se realizará en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud número treinta y cuatro. Es esta una instancia que convoca a millones de jóvenes de los cinco continentes, para manifestar su fe en Cristo y la catolicidad, es decir, la universalidad de la Iglesia. En efecto, a través del Papa Francisco, el Señor suscita en jóvenes de “de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Ap 5,9) expresar la fe que lo reconoce a Él como el único Señor a quien se ha de adorar, amar y servir con todo el corazón. En la JMJ se percibe cómo la Iglesia es realmente un solo Pueblo de Dios y un solo Cuerpo de Cristo formado por muchos miembros, todos distintos, pero unidos en “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4,5).

Es sorprendente, casi un milagro, que millones de jóvenes hablando los más diversos idiomas puedan comunicarse y entenderse, repitiendo lo acontecido en Pentecostés (ver Hch 2,7-11). Más aún sorprende el orden, el respeto, la limpieza, la paciencia y la alegría en medio de la aglomeración en que colapsa el transporte público y el ingreso o salida de los eventos. Esto solo se explica por la unidad de todos suscitada por Dios.

El lema de la Jornada es: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38), Con este lema se quiere destacar cómo la Virgen María, la elegida de Dios y la llena de gracia, es quien mejor ha vivido el Evangelio de su Hijo, Jesús. Ella es efectivamente la sierva o esclava del Señor. Toda su vida está unificada y orientada sólo por la voluntad de Dios. En María no hay desorden alguno que la impulse a pecar. En Ella todo es plenitud de amor, fe y esperanza, exultación de alegría y participación de la paz de Dios. Su corazón, porque es lleno de gracia, es apasionado en la caridad, en el gozo, en la proclamación de la salvación del Señor y en el servicio a su prójimo (ver Lc 1,39-47).

En esta ocasión, la Jornada propondrá a los jóvenes el seguimiento de Jesucristo según la vocación de cada uno, teniendo como modelo a la Virgen María. Entre los muchos frutos que el Señor producirá, hemos de pedir particularmente dos. Primero, que cada joven descubra el plan de Dios para su vida, sobre todo si su voluntad es que sea sacerdote o religiosa. Segundo, que cada joven sea un apóstol convencido y valiente de Jesucristo. A un mundo en el que prevalece la cultura de la muerte, del sin sentido y de la desesperanza, los jóvenes han de anunciarle a Jesucristo muerto y resucitado, única salvación de la humanidad. Oremos para que los jóvenes descubran que la obediencia y el seguimiento de Cristo les aseguran sus dones de paz y alegría.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica