Home < Mensaje del Obispo < Monseñor Stegmeier: “Jóvenes, sean felices escuchando a Cristo en su Palabra, obedeciéndole por amor, haciéndose esclavos de Él y de sus hermanos”

Monseñor Stegmeier: “Jóvenes, sean felices escuchando a Cristo en su Palabra, obedeciéndole por amor, haciéndose esclavos de Él y de sus hermanos”

Propuesta de la JMJ Panamá a los jóvenes

Hermanos en Jesucristo:

La respuesta de María “he aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38) acompañó a los peregrinos a la Jornada Mundial de la Juventud.  En la Biblia y en la historia de la Iglesia son muchos los que han respondido al Señor: “Aquí estoy” y “habla, que tu siervo escucha” (1 Sam 3, 4-10). Es una respuesta suscitada por Dios en el corazón del creyente a través de la gracia, que actúa en la misma raíz de su libertad.

A mayor acción de la gracia de Dios en el hombre, mayor es su libertad. Y a mayor obediencia a la voluntad de Dios, se es más libre. Sin la redención de Cristo, la humanidad es esclava del pecado y “el mundo entero yace en poder del Maligno” (1 Jn 5, 19). Pero “para ser libres nos libertó Cristo”. Por eso San Pablo nos exhorta, diciendo: “Manténganse, pues, firmes y no se dejen oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud” (Gal 5, 1).

Pero la Palabra de Dios, para subrayar la necesidad de la obediencia a la voluntad divina para alcanzar nuestro pleno bien, dice que hay que ser esclavos de Dios: “Libres del pecado y esclavos de Dios, ustedes fructifican para la santidad; y el fin, la vida eterna” (Rm 6, 22). María recibió la gracia de ser inmaculada desde su concepción y ser preservada de todo pecado personal. Por eso es la “llena de gracia” (Lc 1, 28). Ella es la que responde siempre “hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Y de Ella se dice: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1, 45). La plenitud de la gracia en María y su libre y total sumisión a la voluntad de Dios la llevan a aplicarse dos veces el nombre de esclava o sierva (ver Lc 1, 38 y 48).

Es ésta una esclavitud de amor, que no otra cosa es el “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Dt 6, 5). El amor de Dios nos libera de nuestro egoísmo y nos abre al amor y al servicio de los demás. Así podemos vivir el “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19, 18). Por eso, estamos llamados a ser esclavos de los demás en el amor y el servicio por Cristo. San Pablo lo entendió así: “Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda” (1 Cor 9, 19). También María se hace sierva de los demás, cuando con prontitud” (Lc 1, 39) va a visitar a la anciana Isabel, embarazada de San Juan Bautista, o va en ayuda de los novios a los que les falta el vino (ver Jn 2, 2). Sobre todo, cuando llena de caridad acompaña a su Hijo en la Cruz (ver Jn 19, 25).

La propuesta para los jóvenes es ser felices escuchando a Cristo en su Palabra, obedecerle por amor, haciéndose esclavos de Él y de sus hermanos.

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica