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Monseñor Stegmeier: “En Lourdes, los pobres de Dios escuchan de labios de la Virgen María que la misericordia del Señor alcanza de generación en generación”

Hermanos en Jesucristo:

Las fiestas marianas a lo largo del año nos recuerdan que la Virgen María no deja de acompañar a sus hijos, los discípulos del Señor, según dice el Evangelio: Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19,26-27). Además, nos permiten cantar las alabanzas de María, a quien todas las generaciones han de llamar bienaventurada (ver Lc 1,48).

Hoy celebramos a Nuestra Señora de Lourdes, en recuerdo de la aparición de la Virgen el 11 de febrero de 1858 a Bernardita Soubirous. Desde entonces, Lourdes ha sido un lugar de peregrinación para millones de personas, de miles de sanaciones milagrosas y de incontables conversiones.

Dios elige algunos lugares para manifestar en ellos con más claridad su misericordia para con los pecadores, los enfermos y los más necesitados. Estos lugares son los santuarios, en los que el hombre marcado por las consecuencias del pecado de Adán busca el cumplimiento de las promesas de Redención. Los pobres de Dios escuchan de labios de la Virgen María que la misericordia del Señor alcanza de generación en generación a los que le temen” (Lc 1,50), porque Él se acuerda siempre de su misericordia.

María, la humilde esclava del Señor, la que escucha la Palabra de Dios y la medita en su corazón (ver Lc 1,38; 2,19), nuestra Madre en el orden de la gracia, ha sido constituida por Cristo como su intercesora, para más unirnos a Él, único Salvador. El Santuario de Lourdes se caracteriza precisamente por la peregrinación de enfermos y agobiados por el dolor. Van como un hijo pequeñito a los brazos de la madre con la certeza de que serán acogidos, abrazados y escuchados.

A cada uno de ellos, la Virgen María les dice: “Hagan lo que Jesús les diga (Jn 2,5). Por eso la disposición espiritual del peregrino es que en todo se haga la voluntad de Dios. En Lourdes son miles los enfermos que se han sanado milagrosamente, sin que la ciencia lo pueda explicar. Pero, aunque no todos los peregrinos se sanan físicamente, hay que decir que son millones los que se han sanado espiritualmente convirtiéndose a Jesucristo por la gracia y recuperando la alegría y la paz del corazón. Es la alegría del pobre de corazón que, como María, “ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (Lc 1,45). Quienes hemos puesto nuestra confianza en Jesucristo tenemos la absoluta seguridad que finalmente prevalecerá su misericordia, porque el mal ha sido vencido por su muerte y resurrección.

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica