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Monseñor Stegmeier: “La salvación es solo por Cristo y su Iglesia

Hermanos en Jesucristo:

El tiempo de Cuaresma nos prepara para celebrar el misterio pascual de Cristo, es decir, su Pasión, Muerte y Resurrección. Para recibir el perdón de los pecados y participar de la vida eterna, hemos de unirnos a Cristo a través del Sacramento de Bautismo: “Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Rm 6,4).

Sólo Cristo nos puede salvar de la eterna condenación, borrar nuestros pecados y concedernos participar de la gloriosa eternidad del Cielo. Nadie puede redimirse a sí mismo. Ningún poder de este mundo tiene la capacidad de vencer la muerte y dar la inmortalidad. La salvación solo la puede dar Jesucristo, “porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4,12).

Jesucristo instituyó la Iglesia, “columna y fundamento de la verdad” (1 Tm 3,15), para que anunciara el Evangelio, “que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16), y celebrara los Sacramentos. La Iglesia es necesaria para la salvación de todo hombre precisamente porque sólo Cristo puede salvar. La fundación de la Iglesia como Sacramento Universal de Salvación pone en evidencia que nadie se salva por el auto convencimiento de creerse salvo, sino que por pura gracia de Cristo. 

En la Vigilia Pascual, que este año se celebra el 20 de abril, se realiza y se expresa con toda su fuerza el misterio de la salvación por Cristo y su Iglesia. En efecto, en la Vigilia los cristianos escuchan con fe la Palabra de Dios, reviviendo la historia de la salvación hasta su culminación en Jesucristo resucitado de entre los muertos, y se participa de esta salvación por la celebración en los Sacramentos de la fe, en particular el Bautismo y la Eucaristía.

Porque no hay salvación fuera de Cristo, es necesario el Bautismo, pues “el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5). Y es también necesaria la comunión eucarística, según las palabras del Señor: “Si no comen la Carne del Hijo del hombre, y no beben su Sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo le resucitaré el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y Yo en él” (Jn 6,53-56).

En Cuaresma, la gracia tiene que iluminarnos y fortalecernos en nuestra convicción de fe respecto a la salvación por Cristo en su Iglesia y por los Sacramentos de vida eterna.

 

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica