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Reflexi贸n de Mons. Stegmeier: La Constituci贸n Pol铆tica I

Hermanos en Jesucristo:

Motivado por las consultas de fieles de la Di贸cesis, tratar茅 el tema de la Constituci贸n en columnas sucesivas.

En el debate acerca de una posible nueva Constituci贸n, es necesario tener en cuenta, por una parte, 鈥渓a leg铆tima autonom铆a de las realidades terrenas鈥 en cuanto que 鈥渓as cosas creadas y las sociedades gozan de leyes y valores propios que el hombre ha de descubrir, aplicar y ordenar paulatinamente鈥. Es tarea de personas verdaderamente competentes en materia constitucional debatir con profesionalismo, honestidad, seriedad y profundidad en este tema que tanto afecta a las personas y a la vida social. En efecto, 鈥渓a investigaci贸n met贸dica en todos los campos del saber, si est谩 realizada de una forma aut茅nticamente cient铆fica y conforme a las normas morales, nunca ser谩 en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios鈥.

Por otra parte, hay que tener tambi茅n en cuenta que, 鈥渟i autonom铆a de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras鈥 (Gaudium et spes 36).

Todo instrumento jur铆dico, m谩s a煤n una Constituci贸n que est谩 destinada a regir todos los 谩mbitos de una Naci贸n, para que sea conforme con la dignidad de la persona, a la que debe servir, debe reconocer, expresar, promover y defender la verdad moral objetiva, fundada en 煤ltimo t茅rmino en Dios Creador de todo. Antes y por sobre el Estado est谩 primero Dios y luego la persona. Una sana Constituci贸n debe partir de esta premisa.

En caso contrario, estaremos ante una Constituci贸n estatista que pone a la persona al servicio del Estado. El Estado se atribuye ser la fuente originaria de todos los derechos y deberes, los que puede conceder o eliminar seg煤n su arbitrio. Un antecedente es la legalizaci贸n del aborto. El Estado, a trav茅s de sus 贸rganos ejecutivo y legislativo, se arroga el poder de conceder el derecho a vivir a algunas personas y se lo quita a otras. Seg煤n esto, el derecho a la vida no es inherente a la persona humana, anterior y superior al Estado.

Una Constituci贸n estatista es germen de una democracia totalitaria. Al respecto dec铆a San Juan Pablo II: 鈥淟a ra铆z del totalitarismo moderno hay que verla, por tanto, en la negaci贸n de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, el grupo, la clase social, ni la Naci贸n o el Estado鈥. Una Constituci贸n basada en estos presupuestos es inadmisible.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica