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Reflexión de Mons. Stegmeier: Ampliación del Colegio de Humanidades del Sagrado Corazón de Jesús

Hermanos en Jesucristo:

El miércoles 1 de julio recién pasado se dio inicio, en la Segunda Faja, a la construcción de la ampliación del Colegio de Humanidades del Sagrado Corazón de Jesús. Esta iniciativa surgida de los laicos es respuesta a la necesidad interna del proyecto educativo del Colegio y, a la vez, es respuesta a las familias que buscan una formación escolar en concordancia con los principios religiosos inculcados a los hijos en el hogar.

La única razón para que la Iglesia tenga colegios es la fidelidad al mandato misionero de Cristo: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). Es un deber y un derecho de la Iglesia anunciar a Cristo siempre y en todo lugar. Por eso la Iglesia tiene también el derecho y el deber de ofrecer a los padres católicos una alternativa educativa que asegure una formación integral de sus hijos, abarcando todas las dimensiones de la persona, principalmente la religiosa, por referirse a la relación con Dios, origen, sustento y fin del hombre y de la sociedad.

La intención del proyecto educativo del Colegio es que sus alumnos, padres y apoderados, profesores y asistentes de la educación conozcan, amen y sigan a Cristo como a su Señor y Salvador, quien nos ha amado con un amor divino y humano, expresado en el símbolo de su Corazón.

El proyecto formativo, que deberá ser implementado principalmente por laicos enamorados de Cristo, quiere que cada uno pueda experimentar en lo más profundo de su ser la alegría del amor redentor de Cristo y ver cómo la propia plenitud personal se encuentra en la entrega por amor a Dios y a los demás en la comunidad, según la propia vocación. La vida de comunión con Cristo y con los demás alcanzará su meta en el Cielo, en la comunión de vida con la Trinidad y con todos los santos.

Dadas las actuales circunstancias sociales y culturales, para que el Colegio logre el fin específico de la misión encomendada por Cristo a la Iglesia, es necesario que su proyecto educativo forme a los alumnos desde la infancia, en estrecha colaboración con los padres, primeros e insustituibles responsables de la formación integral de sus hijos.

La formación religiosa, corazón del proyecto educativo, va acompañada de la excelencia educativa. Cada alumno está llamado a vivir conforme a la vocación regalada por Dios y a desarrollar todos sus talentos, para el pleno crecimiento personal, con sus consecuencias sociales. El proyecto educativo debe estar al servicio de la persona, para que ella viva en la verdad y en el amor, y de esta manera servir a la misma sociedad ordenando todos sus ámbitos hacia Cristo.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica