Cientos de fieles de las tres parroquias de la ciudad se congregaron para conmemorar la Pasión del Señor. La jornada, presidida por Mons. Francisco Javier Stegmeier, culminó con un multitudinario Vía Crucis que recorrió las calles céntricas manifestando la unidad de la Iglesia local.

En un clima de profundo silencio y recogimiento, la comunidad católica de Villarrica vivió este Viernes Santo los misterios de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Las celebraciones, cargadas de simbolismo litúrgico y piedad popular, fueron encabezadas por el Obispo Diocesano, Mons. Francisco Javier Stegmeier.

La jornada comenzó a las 15:00 horas en la Iglesia Catedral con la Solemne Liturgia de la Pasión del Señor. Acompañado por el párroco de la sede episcopal, Pbro. Alejandro Gutiérrez, el Obispo presidió el rito que se centra en la proclamación de la Pasión según San Juan y la Adoración de la Santa Cruz.

En este horario, que recuerda la hora de la muerte de Jesús, los fieles pasaron uno a uno a besar el madero, en un gesto de gratitud por el sacrificio redentor que devolvió la esperanza a la humanidad.

Al caer la tarde, a las 19:00 horas, se vivió uno de los hitos más significativos de esta Semana Santa: el Vía Crucis Interparroquial. Como ya es tradición, las tres comunidades de la ciudad —Jesús de la Divina Misericordia (Segunda Faja), San Francisco y la Catedral— se unieron para recorrer juntas las estaciones de la Cruz.

La procesión se inició en el frontis de la Parroquia San Francisco, donde Monseñor Stegmeier fue acompañado por los párrocos Pbro. Francisco Peralta (San Francisco), el Pbro. Ramón Pérez (Jesús de la Divina Misericordia) y el Pbro. Alejandro Gutiérrez (Catedral).

Durante el trayecto hacia la Catedral, los fieles meditaron los sufrimientos de Cristo aplicados a las realidades de hoy, acompañando el paso de las imágenes religiosas con cantos y oraciones que resonaron por las calles de Villarrica. El masivo flujo de personas demostró que, a pesar de los desafíos actuales, la cruz de Cristo sigue siendo el faro que guía a las familias de la zona.

La jornada concluyó en la Catedral, donde el pastor diocesano agradeció la participación y la comunión demostrada por los fieles de los distintos sectores de la ciudad.

Con el sepulcro sellado, la Diócesis entra ahora en el Gran Silencio del Sábado Santo, a la espera de la Solemne Vigilia Pascual, la noche más importante del año, donde celebraremos la victoria definitiva de la Vida sobre la muerte.
