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Reflexión de Mons. Stegmeier: El Plebiscito

Hermanos en Jesucristo:

Con ocasión del Plebiscito, el Comité Permanente del Episcopado sacó una declaración, cuyo texto íntegro está en iglesia.cl.

Se dice que, en relación al “plebiscito, en el que deberemos decidir si aprobamos o rechazamos la propuesta de elaborar una nueva Constitución…, hacemos un vigoroso llamado a la ciudadanía a informarse adecuadamente sobre esta importante decisión para la vida democrática de Chile, a discernir en conciencia procurando el mayor bien para la sociedad en su conjunto, y a participar con confianza concurriendo con el voto”.

“La Constitución… es la ley fundamental que determina los principios sobre los cuales se funda el régimen político y social de la nación, cómo se organiza el Estado, cuáles son las competencias y relaciones entre los poderes del Estado y cuáles son los deberes y derechos de sus ciudadanos. Por consiguiente, tiene una enorme relevancia para la sociedad y la vida de los habitantes del país.

Dice el Papa Francisco “que, más allá de la ayuda individual que una persona puede ofrecer a alguien necesitado, cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en el campo de la más amplia caridad, la caridad política”.

“El respeto a la vida y la dignidad de cada persona, la promoción de la justicia y la solidaridad para superar las brechas socioeconómicas y culturales, y el amparo y protección a los grupos más vulnerables, son, entre otros, valores indispensables en la vida de un pueblo”.

Al momento de decidir por cuál opción votar, hay que considerar además los principios que no son negociables, según el Papa emérito Benedicto XVI:

  1. La protección de la vida en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural.
  2. El reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como        una unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa ante los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a           formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y   contribuyen a sus desestabilización, oscureciendo su carácter y papel social    insustituible.
  3. La protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.

A esto hay que agregar el reconocimiento constitucional de la libertad religiosa y de enseñanza.

La actual Constitución, aunque tenga deficiencias como toda obra humana, y, por ello sea perfectible, es esencialmente buena, pues reconoce estos principios no negociables. Una nueva Constitución, a partir de una hoja en blanco, en cambio, no los asegura, al contrario, es muy probable que no sean considerados.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica