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Columna de Mons. Stegmeier: San José, corazón de padre

Hermanos en Jesucristo:

En Adviento, el Papa Francisco nos dio una carta y un año dedicados a San José, esposo virginal de María y padre verdadero de Jesús, aunque no biológico.

Corresponde que en Adviento se destaque a San José, pues acompaña a Jesús desde su Encarnación hasta sus primeros años de vida, al menos hasta los doce años. El Papa resume la presencia de San José en los Evangelios:

Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»” (Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3)... Fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22)… Vio nacer al Mesías en un pesebre (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12)… Asumió la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21)… En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en… Nazaret. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50)”.

La vida de San José nos lleva a considerar nuestra propia historia como vocación divina en lo cotidiano, en la práctica religiosa, en el seno de la familia y en el trabajo.

“La misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios, como hicieron Abrahán (ver Gn 18,23-32) y Moisés (ver Ex 17,8-13; 32,30-35), como hace Jesús, «único mediador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado» ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eternamente para interceder por nosotros» (Hb 7,25; cf. Rm 8,34)”.

Imploremos “a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.

A él dirijamos nuestra oración: Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza,  contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén”.

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica