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Reflexión de Mons. Stegmeier: San José, modelo de padre

Hermanos en Jesucristo:

El 19 de marzo se celebra la fiesta de San José, cuya grandeza “consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús”. De todos los hombres, San José es quien mejor ha vivido la paternidad según el modelo de Dios Padre, “origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos”.

“San José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano”, se pide su intercesión ante Jesús y,  así como todas las mujeres han de ver en María un ejemplo de maternidad, los hombres  han de ver en San José un ejemplo de paternidad.

El Papa Francisco ha insistido que nuestra época, al menos en muchos países de cultura occidental, se ha masificado la orfandad, es decir, la sensación de la ausencia de un padre responsable, cercano, cariñoso y que ejerce su autoridad para bien de sus hijos.  “Se ha llegado a afirmar que nuestra sociedad es una «sin padres»”. Nadie puede suplir la misión de un padre y una madre.

Esta ausencia del padre trae consecuencias para el niño y el joven, como también, ciertamente, acontece cuando está ausente la madre. No es sólo la ausencia física, pues aunque se viva en la misma casa y se provea a los requerimientos materiales, puede haber despreocupación de las necesidades más profundas del hijo, como es el afecto, el bien espiritual, la comunicación de la fe, la educación en el ámbito religioso, dedicar tiempo para conversar acerca del sentido de la vida, las razones para tener esperanza, querer tener más hijos para que el hijo pueda experimentar lo que significa ser hermano, iniciarlo en la vida social y así tantas otras cosas verdaderamente importantes para cualquier persona. Una inadecuada comprensión y vivencia de la paternidad significará carencias en el hijo que tarde o temprano aflorarán.

Un padre es esencial para la madurez de los hijos. Tiene que estar con ellos en sus alegrías y tristezas, triunfos y fracasos, decisiones y preocupaciones. Es una presencia discreta, serena, constante, firme. Su autoridad da confianza y seguridad, su palabra alienta y orienta, su amor alegra, perdona, reconcilia y sana heridas. Hace crecer en humanidad, madurez, virtud, responsabilidad y libertad.

La contemplación del misterio de San José, que “con corazón de padre” amó y cuidó a Jesús es un aliciente para que  todos los padres de la tierra vivan de la mejor manera posible su paternidad. San José nos hace ver que “la paternidad divina es la fuente de la paternidad humana”. Es la causa del respeto debido a los padres, de su autoridad, pero también de sus deberes para con sus hijos (ver Ef 3,14-15).

+ Francisco Javier

Obispo de Villarrica