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Hogar Beato Carlos de Austria: 10 años de servicio a los abuelitos de Loncoche

El 11 de abril de 2021, Domingo de la Divina Misericordia, el Centro Diurno Beato Carlos de Austria cumplió 10 años de fundación al servicio de los adultos mayores de la comuna de Loncoche.

Este cálido hogar nació el 11 de abril de 2011 a raíz de la preocupación de un grupo de voluntarias de la Fundación Auxilio Maltés, que veían la soledad que envolvía a varios abuelitos producto de que sus familiares iban a trabajar. 

Es así como la Fundación de Beneficencia Auxilio Maltés fundó el Hogar Beato Carlos de Austria, ubicado en calle Manuel Montt Nº 593, que en la normalidad atiende alrededor de 30 abuelitos, de 8 a.m. a 6 p.m., y que hoy cuenta con el cálido acompañamiento espiritual de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (SSVM).

En la siguiente entrevista, Alexandra de Habsburgo de Riesle, Directora de la Fundación Auxilio Maltés y nieta del Beato Carlos de Austria, nos comparte con gratitud lo que han sido estos 10 años de vida del Hogar:

¿Cómo nació la idea de abrir el Hogar? 

“Ya pasaron 10 años desde que voluntarias de la Fundación Auxilio Maltés, que vivían en Loncoche donde hacían una linda labor social, nos señalaron la situación terrible en que se encontraban muchas personas mayores que quedaban solas a lo largo del día, mientras sus familiares iban a trabajar. Sucedía que se caían y tenían que esperar hasta la noche para ser rescatadas, o que dejaban el gas prendido, o que se equivocaban al tomar sus remedios y, además, con la gran soledad se deprimían. Nació la idea de abrir un hogar de día para recibirlos.

Costó encontrar el lugar idóneo pero la Providencia quiso que nos ofrecieran una gran casa a un precio bajo, porque la dueña estaba agradecida de que una voluntaria nuestra la había cuidado amorosamente durante una larga enfermedad”.

¿Qué les inspira?

“Nuestro objetivo es servir a esas personas lo mejor posible, dando la prioridad a las más abandonadas y a las familias más aproblemadas con el cuidado de su abuelito. No se pudo obtener subvención financiera pues no todas las personas que acogemos son autovalentes y algunas tienen problemas mentales como la demencia senil. Sea como sea, abrimos las puertas de nuestros corazones y de nuestro hogar, con la convicción de que el Señor nos iba a ayudar.

Se dio a esta casa de acogida el nombre de un beato de la Orden de Malta, el beato Carlos de Austria, a petición de las voluntarias que habían obtenido grandes gracias por su intercesión. Ha sido una elección feliz porque nunca nos dejó sin pan para el alma ni para el cuerpo.

Tuvimos la alegría de tener numerosas Misas en nuestra capilla celebradas por el Obispo de la diócesis de Villarrica, también por el Obispo emérito y por sacerdotes invitados por las religiosas que trabajan con tanto cariño en el hogar: las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará.

Esa alegría espiritual desborda sobre los ancianos, que se ven felices, se entretienen y los más válidos ayudan espontáneamente a los más desvalidos, igual que en una gran familia”.

¿Cuál es la situación actual del Hogar producto de la pandemia?

“Dado que somos una Casa de Día, tuvimos que cerrar cuando empezó la pandemia. Al comienzo les costó mucho a los abuelitos quedarse encerrados y no poder venir al Hogar. Para sus familias fue muy duro  por ejemplo asumir todo el día el cuidado de una persona con alzheimer.

Pero, “cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana”: pudimos visitar más seguido sus familias, apoyar a los abuelitos con comida, con sesiones de kinesiología para evitar la postración y solucionar algunos problemas familiares. El nexo con ellos se ha hecho mucho más fuerte”.

 ¿Cuáles son las proyecciones para el futuro?

“Queremos aumentar la capacidad de nuestro hogar. Si damos una atención diurna integral a las personas mayores, dejan de ser una carga para sus familias, vuelven todas las noches a su casa y así no se desvinculan de sus hijos y nietos”. 

¿Qué los impulsa a seguir sirviendo?

“Muchos de nuestros abuelitos llegan dañados por la vida, en sus casas son un estorbo, no les tienen paciencia; de tanta angustia ya no pueden dormir y pierden las ganas de vivir. A veces llegan postrados y logramos, con mucho cariño y estímulo, que caminen de nuevo, y nos alegramos infinitamente cuando recobran su confianza y su dignidad. 

Consideramos que la tercera edad es la etapa más importante de la vida. Es cuando la persona se prepara para volver a la Casa del Padre y queremos darle todo lo que necesita para este importante viaje: el deseo de conocer a Dios, una conciencia limpia, la fuerza que dan los sacramentos.

Muchos han servido a sus familias toda la vida, ¡pensamos que ahora nos toca a nosotros servirlos a ellos!”.

 

Contacto Hogar: +56 45 247 3861 / +56 9 6193 6026