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Reflexión de Mons. Stegmeier: “Quedaron todos llenos del espíritu santo”

 

 

Hermanos en Jesucristo:

 

Cristo prometió el Espíritu Santo a hombres débiles, cobardes y pecadores. En Pentecostés se cumple esta promesa. Porque Pedro negó tres veces al Señor y estaba encerrado “por miedo a los judíos” (Jn 20,19) necesitaba de la luz, la fuerza y la valentía venidas de Dios. Y lo mismo hay que decir de los demás apóstoles.

 

En el día de Pentecostés se produce el milagro de la conversión de estos hombres. Los apóstoles salen de su escondite animados por el Espíritu Santo y valientemente salen a predicar a Jesucristo. Los judíos, “viendo la valentía de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin instrucción ni cultura, estaban maravillados”(Hch 4,13). El motivo de este cambio, es que en los apóstoles está actuando el Espíritu Santo.

 

Cuando los judíos quieren impedir el anuncio del Evangelio, responde Pedro: “Juzguen si es justo delante de Dios obedecerles a ustedes más que a Dios. No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”(Hch 4,19-20).

 

El ejemplo de los apóstoles es muy importante para nosotros hoy. No es necesario ser santos para salir valientemente a anunciar a Cristo. Es verdad que somos pecadores y hemos de reconocerlo. Como Pablo, también nosotros debemos decir: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo”(1 Tim 1,15).

 

Aunque todo mundo nos señalara con el dedo y denunciara nuestros pecados, de todos modos debemos anunciar a Cristo, “porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”(Rm 4,12).

 

En estos tiempos en que no está de moda ser cristiano, tenemos que pedir al Señor la gracia de que hoy se renueve el milagro de Pentecostés en cada uno de nosotros y en la Iglesia. Pidamos que con la fuerza del Espíritu Santo podamos decir como San Pablo: “No me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16).

 

El Espíritu Santo disipe nuestros miedos, infunda en nuestros corazones la fuerza del amor y nos impulse a evangelizar.

 

+Francisco Javier.

Obispo de Villarrica