Home < Diócesis < Reflexión: A 20 años de la primera ordenación de diáconos permanentes para la diócesis

Reflexión: A 20 años de la primera ordenación de diáconos permanentes para la diócesis

El 22 de noviembre de 1997 celebramos a la primera generación de diáconos permanentes ordenados en la Diócesis de Villarrica. Mercedonio Belmar, Héctor Apablaza, Máximo Rivas, Roberto Aguirre, Ernesto Catalán y Carlos Arriagada fueron llamados desde su realidad común a servir a la Iglesia como consagrados. En un gran gesto de amor y entrega la Sra. Ivon Ramírez, esposa del diácono Roberto Aguirre, dedica unas sentidas palabras a este grupo de hombres por sus veinte años de ministerio diaconal.

“No ha sido fácil la tarea…ni para ellos, ni para las familias desde donde fueron llamados…no ha sido fácil para las esposas, que se quedan solas, para los hijos que se rebelan, para los feligreses de las comunidades campesinas que, a 20 años, aún se sorprenden cuando ven llegar al “cura”, con mujer e hijos… no ha sido nada fácil…sobre todo, en las Parroquias de Villarrica, que han visto partir a tres de sus Diáconos.

Hombres comunes: hijos, maridos, padres, abuelos, hermanos, trabajadores, profesionales;  hombres llamados desde la realidad de su vida común, para servir a la Iglesia, como consagrados. En una sociedad cada vez más demandante; en una Iglesia donde las ventanas abiertas por el Concilio Vaticano Segundo se cierran lentamente; en un mundo cada vez más alejado de la religiosidad la “pega” del Diácono es, casi, una rareza… Un hombre que da tanto, que no sólo le duele a él, sino a sus seres más cercanos y queridos…un hombre que debe tener vocación de predicador de esquina, psicólogo, profesor, consejero matrimonial, catequizador, bombero, remendador de almas rotas, sociólogo, curandero, sabio, padre de familia. Un hombre que está en vitrina permanentemente, que no se puede equivocar, que no puede flaquear y que debe hacer una bola con sus dudas existenciales, para lanzarla lo más lejos posible, donde no molesten a nadie… un hombre íntegro…con todo lo que eso significa…

En sus 20 años de Diaconado, saludo a los que ya se fueron; Mercedonio, Héctor, Máximo (que estuvo a 18 días de este cumpleaños) dónde sea que sus almas nobles estén hoy, reciban un abrazo y un recuerdo emocionado; un abrazo también, para la Sra. Ube, Elianita y Aurora, sus esposas.

A Ernesto, en Lanco, y a Carlitos, en Vilcún, un abrazo y un GRACIAS tan grande como su entrega cotidiana, que también alcance a sus familias…Y a ti, Roberto, marido mío, compañero de vida y aventuras, cómplice en tantas y tantas vivencias, siempre presente, apañando a los hijos, a los nietos, a los sobrinos propios y ajenos, a los amigos. A ti… el resto de mi vida, mi amor incondicional y mi apoyo, siempre.