En #Navidad
¿Qué es lo más importante? El P. Raimundo nos lo cuenta en esta nueva #CapsulaDeFe

Hermanos en Jesucristo:
Todos esperamos que las cosas mejoren. Anhelamos plenitud de vida personal, familiar y social. Ese futuro lo soñamos y decimos cómo queremos que sea. Aspiramos a un mundo de justicia y paz, de seguridad y confianza, de fraternidad. Y tantas otras cosas. Es todo aquello que de un modo u otro se expresa en las demandas sociales.
Los hombres somos capaces de proyectarnos hacia el futuro con la esperanza de que lo mejor está por venir, porque en el fondo del corazón percibimos que todo tiene una razón de ser, que hay una meta a la que nos dirigimos, que en parte depende de nosotros y en parte no. Pero experimentamos tantas veces la frustración, sobre todo porque vemos la incapacidad de ser feliz yo, mi familia y mi ambiente social.
Sin embargo, es verdad que un mundo mejor es posible porque ha nacido nuestra esperanza. Jesucristo ha venido para reorientar nuestra vida y la del mundo. El pecado y su fruto -que es la lejanía de Dios- nos desorientó y levantó un muro que nos impide acércanos a Dios y a los hermanos. Cristo es el Camino que nos conduce al Padre. Es la Verdad y la Luz que nos ilumina y nos saca de las tinieblas del error. Es la Vida que nos devuelve la vida de hijos de Dios, perdida a causa del pecado.
El tiempo de Navidad trae consigo la gracia de renovar en el ahora y en el aquí de la Iglesia y de cada creyente lo acontecido en Belén hace más de dos mil años. El mismo misterio contemplado en Belén por María y José, los pastores y los Reyes Magos es el que contemplaremos por la fe en la celebración del Nacimiento del Niño – Jesús.
En Navidad nace “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1 Tm 1,1). En Cristo ahora sí la esperanza no defraudará. Las promesas del Señor se cumplirán con toda certeza. Todas las promesas alcanzarán su plenitud cuando Cristo vuelva por segunda vez. Habrá “un cielo nuevo y una tierra nueva… Y el Señor enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap 21,1.4).
Pero los bienes mesiánicos que nos ha traído Jesús, como son la verdad, el bien, la justicia, la paz, la fraternidad son para vivirlos también ya en este mundo y en nuestra historia. Cristo nos lo asegura: “Les he dicho esto, para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría sea colmado” (Jn 15,11) y “les dejo la paz, mi paz les doy” (Jn 14,27).
Para que estas promesas se cumplan en nosotros hay que creer que ese débil “Niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16) es el “Salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2,11). Por la fe hemos de ver a este Niño como la Esperanza, porque es el único que puede llevar a plenitud las ansias más profundas del corazón de cada uno de nosotros.
+ Francisco Javier
Obispo de Villarrica

???? El domingo 10 de enero de 17.00 a 19.30 hrs. Te invitamos a ser parte del #Bingosolidario que irá en apoyo de la recaudación de dinero para la construcción de la Capilla San Antonio de Cunco, la cual fue afectada por un incendio ????.
✅ Cada cartón digital tiene un valor de $1.000-.
???????? Datos de transferencia:
Cuenta Corriente: 63700005561
Rut: 70.226.700-5
Nombre: Vicariato Apostólico de la Araucanía.
Mail: nvarelam@duoc.cl
Asunto: Bingo Solidario Capilla
Importante: para validar tu cartón digital debes enviar el comprobante de transferencia al mail nvarelam@duoc.cl
???? Premios:
✔️ 1 Gift Card Cencosud de $80.000.
✔️ Tablet Galaxy Tab A + Audífono Motorola Vervebuds.
✔️ Disco Duro externo 2TB
✔️premio sorpresa
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✔️ 1 Gift Card Cencosud de $30.000.
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✔️ Tablet Galaxy Tab A
???????? Venta de cartones sólo hasta el 09 de enero a las 12.00 del día ????????
Tu apoyo es muy importante para nosotros y para la comunidad de Cunco!!!
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Una iniciativa de DUOC UC, ¡muchas gracias!

Hoy, nuestra iglesia diocesana de Villarrica está de fiesta por un año más de vida de nuestro querido Obispo Emérito, Mons. Sixto Parzinger Foild, quien cumple 89 años.
Oramos por él, para que Nuestro Señor le conceda siempre la salud de cuerpo y alma, santidad de vida y la felicidad plena. ¡Felicidades don Sixto!
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Breve biografía
Mons. Sixto Parzinger Foild (1931)
Nació en St. Johann Tirol Alemania el 21 de diciembre de 1931. Hijo de Johann Parzinger Dirnberger y Elise Foidl Hochfilzer. Ingresó a la Orden de los Padres Capuchinos en Laufen (Baviera), Alemania, el 21 de agosto de 1954. Hizo sus votos simples en Laufen el 22 de agosto de 1955; y sus votos solemnes en Eichstatt el 22 de agosto de 1958.
Cursó sus estudios eclesiásticos en su Orden, en Alemania. Fue ordenado sacerdote en Freising, Alemania, el 29 de junio de 1960 por el Card. Josef Wendel, Arzobispo de Munich. Cumpliendo posteriormente diversas actividades misioneras.
Llegó a Chile el 18 de marzo de 1965. En el país, fue Vicario parroquial en Padre Las Casas (1965-1966) y en Boroa (1967-1969). Se desempeñó, además, como párroco y decano de Padre Las Casas (1970-1977).
El Santo Padre Pablo VI lo eligió Obispo titular de Guari y Vicario apostólico de la Araucanía el 27 de diciembre de 1977. Tomó posesión del Vicariato el 5 de marzo de 1978. Sucediendo a Mons. Guillermo C. Hartl, fallecido en 1977. Fue consagrado en la Catedral de Villarrica el 5 de marzo de 1978 por el Cardenal Agnello Rossi, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Su lema episcopal es: Ad aedification em fidei, Para la edificación de la Fe.
Durante su período como Vicario Apostólico de la Araucanía con la tarea evangelizadora en la zona, dedicando gran parte de su apostolado en el pueblo mapuche, como también muy preocupado de las vocaciones para el Seminario Mayor San Fidel, de San José de la Mariquina.
Una de sus grandes tareas fue crear la Escuela de Formación para los ministros al Diaconado Permanente. Actualmente continúan preparándose laicos con el fin de aumentar este ministerio permanente y apoyar la pastoral, Dios mediante, en todas las parroquias.
El 5 de enero de 2002 fue nombrado primer Obispo de la nueva Diócesis del Sagrado Corazón de Jesús de Villarrica, tierra de misiones fructíferas, en la que sirvió por más de 31 años. En estos años realizó múltiples visitas pastorales a las parroquias de la zona, donde pudo ir compartiendo las necesidades pastorales de los fieles de la época.
Una de sus últimas obras que se gestaron en su administración, se dio el 30 de mayo de 2004. Donde da su bendición y coloca la primera piedra en las dependencias del Seminario Mayor San Fidel, que se ubicó hasta 2015 en Padre las Casas. Mons. Sixto renuncia al gobierno de la diócesis el 5 de marzo de 2007, a los 75 años de edad. Hoy vive su retiro en la comuna de San José de la Mariquina.
*Debido a la emergencia sanitaria por el Covid 19 y para prevenir contagio, actualmente don Sixto se encuentra en la casa de Purulón Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús.
12:00 horas: Santa Misa Dominical del 20 de diciembre de 2020, Cuarto Domingo de Adviento, presidida por Mons. Stegmeier.
Sacramentos de Camila Isidora Esperanza del Carmen. Transmisión en vivo por Facebook y YouTube.
YOUTUBE:
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Encuentra la transmisión en los siguientes enlaces:
Perfil: https://www.facebook.com/diocesis.devillarrica/
Fan page: https://www.facebook.com/diocesisvillarrica
+COMUNIÓN ESPIRITUAL: Creo Señor Jesús que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Me pesa de verdad haberte ofendido. Te amo por sobre todas las cosas y deseo con ardor recibirte. Pero ya que no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que jamás me aparte de ti. Amén.+

Hermanos en Jesucristo:
En Adviento, el Papa Francisco nos dio una carta y un año dedicados a San José, esposo virginal de María y padre verdadero de Jesús, aunque no biológico.
Corresponde que en Adviento se destaque a San José, pues acompaña a Jesús desde su Encarnación hasta sus primeros años de vida, al menos hasta los doce años. El Papa resume la presencia de San José en los Evangelios:
“Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»” (Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3)... Fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22)… Vio nacer al Mesías en un pesebre (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12)… Asumió la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21)… En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en… Nazaret. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50)”.
La vida de San José nos lleva a considerar nuestra propia historia como vocación divina en lo cotidiano, en la práctica religiosa, en el seno de la familia y en el trabajo.
“La misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios, como hicieron Abrahán (ver Gn 18,23-32) y Moisés (ver Ex 17,8-13; 32,30-35), como hace Jesús, «único mediador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado» ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eternamente para interceder por nosotros» (Hb 7,25; cf. Rm 8,34)”.
Imploremos “a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.
A él dirijamos nuestra oración: Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén”.
+ Francisco Javier
Obispo de Villarrica

P. Reginaldo dos Santos, Mons. Francisco Javier Stegmeier y P. Sebastián Molina Carrasco
El sábado 12 de diciembre, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, Patrona de América, la Diócesis de Villarrica recibió la enorme bendición de dos nuevos sacerdotes diocesanos.
Mons. Francisco Javier Stegmeier ordenó Sacerdote del Señor a Reginaldo dos Santos, de 39 años, hijo de Benedito Dionizio dos Santos y Sebastiana Maria dos Santos, proveniente de Cidade de Arapiraca, Estado de Alagoas, Brasil.
Mons. Stegmeier ordenó también Sacerdote del Señor a Sebastián Eduardo Molina Carrasco, de 33 años, hijo de María Ximena Carrasco Valdivia y Eduardo Enrique Molina Aguilar, oriundo de Viña del Mar, Chile.
La celebración se llevó a cabo en la Catedral de Villarrica, bajo las estrictas medidas de prevención establecidas por el Ministerio de Salud – Código Sanitario y Dl 2763 –, en el marco de la emergencia sanitaria por el Covid 19.
Pese al limitado número de asistentes en el templo, los ordenados estuvieron acompañados por miles de personas que se conectaron a la transmisión de la celebración por las redes sociales, desde distintos puntos de Chile y otros países, como Brasil, Paraguay y Argentina.
Bajo el amparo y modelo de Santa María
Con la mirada puesta en Reginaldo y Sebastián, Mons. Stegmeier reflexionó sobre el el lema que cada uno escogió para su ministerio sacerdotal, ambos marcados por el modelo de excelencia a seguir: La Santísima Virgen María.
“Nuestro hermano Reginaldo ha elegido como lema sacerdotal las palabras de la Virgen María en las Bodas de Caná: ‘Hagan todo lo que Jesús les diga’ (Jn 2,5). Estas palabras manifiestan la misión de María de no solo traernos a Jesús, sino también la de llevarnos siempre a Jesús. Y como lema sacerdotal se transforma en una oración que suplica al Señor la gracia de la fidelidad y es un programa de vida orientado al ejercicio evangélico del ministerio. Todo lo que nos dice Jesús está en los Evangelios, entendidos ellos como todo aquello que se nos ha revelado y se nos transmite en la Iglesia”, explicó el obispo.
Y continuó: “El lema sacerdotal de nuestro hermano Sebastián es: ‘Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad’ (Hb 10,9). Estas palabras, según la Carta a los Hebreos, las pronuncia el Hijo de Dios en el momento de su encarnación, simultáneamente al instante en que la Virgen María dice: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38)”.
Sacerdote con corazón sumiso a la voluntad de Dios
Luego, Mons. Stegmeier explicó a los ordenados que “la eficacia del ministerio sacerdotal que ustedes ejercerán está asegurada por el sacramento del orden sagrado y por la eficacia intrínseca de los sacramentos que celebrarán y por su misión de anunciar el Evangelio, ‘que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree’ (Rm 1,16). Como sabemos, esta eficacia no viene condicionada por la dignidad del ministro ni por sus cualidades humanas”.
“Sin embargo, – agregó – el sacerdocio ministerial no se reduce al solo ejercicio exterior de funciones que le son inherentes, sino que debe darse en el sacerdote una integridad de vida que surge de un corazón sumiso plenamente a la voluntad de Dios, que ya debe darse a causa de la condición bautismal y ahora, por una nueva razón, a causa de ‘que todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo’ (PO 12)”.
“Me atrevo a decir que el aspecto que mejor hace ver la calidad de la vida de un sacerdote es su oración personal, silenciosa, escondida con Jesucristo. Cuánto tiempo pasa en oración con Cristo, a solas con Él, y cómo vive ese tiempo es el mejor indicador para el propio sacerdote de cómo está su ser sacerdotal, como configuración con Cristo sacerdote.
De la unión vital con Cristo, alimentada de la oración, de la escucha de la Palabra de Dios, de la recepción cotidiana del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la frecuente recepción del perdón sacramental de los pecados, podrá el sacerdote ser un idóneo instrumento de unión de los fieles con Cristo”, expresó Mons. Stegmeier.
Algunos consejos
Siguiendo su homilía, Mons. Stegmeier entregó a Reginaldo y Sebastián algunos consejos para su vida sacerdotal:
Una diócesis rica en historia y carismas
Tanto Reginaldo como Sebastián vienen de otros lugares y han encontrado en la Diócesis de Villarrica su llamado a ejercer el sacerdocio. Al respecto, Mons. Stegmeier señaló que estas ordenaciones son “una significativa expresión de cuán católica es la Iglesia”.
“El Papa Francisco dice que somos ‘hermanos todos’ (fratelli tutti). ¡Cuánto tienen que aportar ustedes desde sus particulares carismas y cuánto tienen que recibir de una Diócesis rica en historia y vida eclesial! En la comunión de la Iglesia estamos llamados a anunciar a Jesucristo y a dar testimonio del amor cristiano ‘para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado’” (Jn 17,21).
El Obispo animó a orar por las vocaciones sacerdotes “para que ellas surjan también de nuestras comunidades parroquiales y llevarnos a la conversión pastoral para que los niños y jóvenes descubran su propia vocación”.
Para terminar, Mons. Stegmeier pidió a los presentes a quienes seguían la celebración por las redes sociales, que recen por estos dos nuevos sacerdotes, “porque son débiles y pecadores. Experimentarán las tentaciones del demonio, los halagos del mundo y incitaciones de la concupiscencia. Oren para que sean siempre fieles sacerdotes, fuertes en los tiempos de desolación y agradecidos en tiempos de consolación. Y para que su vida esté toda al servicio de Cristo, de su Iglesia y de cada uno de Ustedes en todo lo que se refiere a Dios”.
“Por último, encomendamos a nuestros hermanos Reginaldo y Sebastián a la maternal protección de la Virgen María. Que puedan escuchar de Ella lo que dijo a San Juan Diego: «¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?»”, concluyó el Obispo.
Puede leer la homilía completa de Mons. Stegmeier en el siguiente link:
HOMILIA ORDENACIÓN PRESBITERAL DE Reginaldo y Sebastián
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Transmisión de las ordenaciones por YouTube:
Transmisión de las ordenaciones por Facebook Catedral de Villarrica:
https://www.facebook.com/100004390995030/videos/1864520170370998
Fotos de las ordenaciones sacerdotales (12-12-20)
https://www.facebook.com/media/set/?vanity=diocesisvillarrica&set=a.3105252956244509
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Fotos de la Primera Misa presidida por el P. Reginaldo dos Santos (12-12-20)
https://www.facebook.com/media/set/?vanity=diocesisvillarrica&set=a.3108187719284366
Fotos de la Primera Misa presidida por el P. Sebastián Molina Carrasco (13-12-20)
https://www.facebook.com/media/set/?vanity=diocesisvillarrica&set=a.3108246995945105
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Entrevistas previas

Se acerca la Navidad, ¿qué regalo le harás a Jesús como adorador?
“Adoración Perpetua Villarrica” le invita a participar de nuestra jornada de adoradores del Santísimo Sacramento, presidida por Mons. Francisco Javier Stegmeier.
El encuentro se desarrollará vía Zoom y se transmitirá por Facebook de la Diócesis de Villarrica, este sábado 19 de diciembre. El horario es:
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Los datos para ingresar a la reunión por Zoom son los siguientes:
Tema: Jornada de Adoradores
Hora: 19 dic 2020 10:00 AM Santiago
Unirse a la reunión Zoom
https://us02web.zoom.us/j/87192545251?pwd=cE44VGx3VS9aQzJVSk9oTnJ4YzVGdz09
ID de reunión: 871 9254 5251
Código de acceso: adora2020
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Facebook de la Diócesis de Villarrica

Sobre el supuesto brote de COVID en el Obispado de Villarrica, esta institución aclara que:
Obispado de Villarrica

Homilía de Mons. Francisco Javier Stegmeier, en la Ordenación Presbiteral de Reginaldo dos Santos y Sebastián Molina Carrasco. Catedral de Villarrica el 12 de diciembre de 2020, Fiesta de la Virgen de Guadalupe.
VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=4-RBervuAt4&feature=youtu.be
Descargar PDF: HOMILIA ORDENACIÓN PRESBITERAL DE Reginaldo y Sebastián
TEXTO:
Hermanos en Jesucristo:
Nos alegramos en este día en la celebración de la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América. Y también nos alegramos por la ordenación presbiteral de nuestros hermanos Reginaldo y Sebastián.
La Palabra que hemos escuchado hoy nos habla de la alegría en el Señor, como una de las características de los tiempos mesiánicos, porque surge de la esperanza cierta de la realización de las promesas de Dios.
Si ya era motivo de alegría en tiempos de Isaías el anuncio de una virgen embarazada que dará a luz un hijo, que se llamará el Emanuel, Dios con nosotros (ver Is 7,14), cuanto más hemos de alegrarnos nosotros que sabemos que esta profecía ya se ha cumplido en Jesucristo, el Hijo eterno de Dios nacido de la Virgen María.
Es la alegría mesiánica expresada en San Juan Bautista, que siendo niño saltó de alegría en el seno de su Madre, Isabel, al sentir la proximidad de Jesús, el fruto bendito del vientre de María (ver Lc 1,44).
Pero sobre todo, es el gozo que, como ninguna otra persona, experimenta María en su Corazón Inmaculado: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador” (Lc 1,46-47).
Pidamos hoy al Señor que nos renueve la esperanza y la alegría de su salvación. A nosotros se dirige la invitación del Salmo: “Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones” (Sal 67,4.5).
En este día de la Virgen de Guadalupe, cuya presencia maternal impulsó el anuncio del Evangelio en nuestra tierra americana y suscitó en breve tiempo la conversión de todo un continente, nos muestra cómo Ella continúa ejerciendo su misión de ser la elegida de Dios para darnos al Mesías Salvador.
En el vientre purísimo de María se hace carne la Palabra de Dios. Ella lleva al Niño Jesús en su seno, lo acerca a Isabel y a Juan y ellos son santificados. María lo da a luz en un pesebre. Los Reyes Magos vieron al Niño con María, quien se los presenta como el Salvador, el Mesías, el Señor.
La misión encomendada por Dios a la Virgen María no culminó con su asunción en cuerpo y alma al cielo, sino que continúa a lo largo de la historia de la Iglesia. De esto es testimonio su aparición a San Juan Diego, perteneciente a una etnia originaria de México.
Nuestro hermano Reginaldo ha elegido como lema sacerdotal las palabras de la Virgen María en las Bodas de Caná: “Hagan todo lo que Jesús les diga” (Jn 2,5). Estas palabras manifiestan la misión de María de no solo traernos a Jesús, sino también la de llevarnos siempre a Jesús. Y como lema sacerdotal se transforma en una oración que suplica al Señor la gracia de la fidelidad y es un programa de vida orientado al ejercicio evangélico del ministerio. Todo lo que nos dice Jesús está en los Evangelios, entendidos ellos como todo aquello que se nos ha revelado y se nos transmite en la Iglesia.
El lema sacerdotal de nuestro hermano Sebastián es: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (Hb 10,9). Estas palabras, según la Carta a los Hebreos, las pronuncia el Hijo de Dios en el momento de su encarnación, simultáneamente al instante en que la Virgen María dice: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).
El Hijo eterno y la Virgen María, al coincidir en la obediencia perfecta a la voluntad del Padre, dan inicio a la redención de la humanidad porque el Espíritu Santo descendió sobre la Virgen y “la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). La obediencia a la voluntad del Padre da frutos de vida eterna, hace nuevas todas las cosas, trae la alegría de la salvación del Señor.
El lema sacerdotal de Sebastián señala la disposición del corazón como la dimensión clave de nuestra relación con el Señor y de nuestro ministerio al servicio de los hermanos. Eso es lo que vemos en María y es también lo que se destaca en Jesucristo, quien:
“al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad! Dice primero: Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron – cosas todas ofrecidas conforme a la Ley – entonces – añade -: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”” (Hb 10,5-9).
Reginaldo y Sebastián, la eficacia del ministerio sacerdotal que ustedes ejercerán está asegurada por el sacramento del orden sagrado y por la eficacia intrínseca de los sacramentos que celebrarán y por su misión de anunciar el Evangelio, “que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). Como sabemos, esta eficacia no viene condicionada por la dignidad del ministro ni por sus cualidades humanas.
Sin embargo, el sacerdocio ministerial no se reduce al solo ejercicio exterior de funciones que le son inherentes, sino que debe darse en el sacerdote una integridad de vida que surge de un corazón sumiso plenamente a la voluntad de Dios, que ya debe darse a causa de la condición bautismal y ahora, por una nueva razón, a causa de “que todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo” (PO 12).
Según expresión del Concilio, “la santidad de los presbíteros contribuye poderosamente al cumplimiento fructuoso del propio ministerio, porque aunque la gracia de Dios puede realizar la obra de la salvación, también por medio de ministros indignos, sin embargo, Dios prefiere, por ley ordinaria, manifestar sus maravillas por medio de quienes, hechos más dóciles al impulso y guía del Espíritu Santo, por su íntima unión con Cristo y su santidad de vida, pueden decir con el apóstol: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí»” (Gal 2, 20).
Me atrevo a decir que el aspecto que mejor hace ver la calidad de la vida de un sacerdote es su oración personal, silenciosa, escondida con Jesucristo. Cuánto tiempo pasa en oración con Cristo, a solas con Él, y cómo vive ese tiempo es el mejor indicador para el propio sacerdote de cómo está su ser sacerdotal, como configuración con Cristo sacerdote.
De la unión vital con Cristo, alimentada de la oración, de la escucha de la Palabra de Dios, de la recepción cotidiana del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la frecuente recepción del perdón sacramental de los pecados, podrá el sacerdote ser un idóneo instrumento de unión de los fieles con Cristo.
De la plenitud contenida en su corazón, como María que proclama la grandeza del Señor (ver Lc 1,46), el sacerdote anunciará a tiempo y a destiempo la Palabra de Dios, formará a los fieles en las verdades de la fe en la homilía y en la catequesis, arderá en ansías misioneras para atraer a Cristo a los alejados y a los que aún no lo conocen, en actitud de salida a las periferias, como con tanta razón nos insiste el Papa Francisco.
Procurará que Cristo sea el centro de la comunidad cristiana por medio de la celebración diaria de la Eucaristía, “en que los sacerdotes cumplen su principal ministerio” recordando la enseñanza del Concilio (PO 13), ya que “ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la Santísima Eucaristía, por la que debe, consiguientemente, comenzarse toda educación en el espíritu de comunidad” (PO 6).
Reginaldo y Sebastián, dediquen tiempo exclusivo al sacramento de la confesión, con horarios fijos y adecuados para que los fieles puedan confesarse con facilidad. El sacerdote sentado a la espera de la venida de los penitentes es signo de la paciencia del Padre que espera el regreso del hijo pródigo.
Visiten a los enfermos, quizá los más pobres entre los pobres. Asístanlos con el Sacramento de la Unción de los Enfermos, con el viatico y con su solícita caridad sacerdotal.
Sean maestros de oración para sus fieles. La Iglesia nos dice que cada parroquia y comunidad cristiana debe ser una escuela de oración. Todos los cristianos tienen vocación mística, porque todos estamos llamados a la contemplación del misterio de la Santísima Trinidad en el Cielo.
Hermanos, hacer lo que Cristo les dice y hacer su voluntad, los hará de verdad libres. Hacer la voluntad de Dios, significa renunciar a la propia en todo lo que no es de Dios y configurarla completamente a la de Él.
Muchas veces tendrán que decir al Señor: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42). Pero tengan la seguridad que el no hacer la propia voluntad sino solo la de Dios, les hará felices y fecundos en su ministerio, les evitará el peligro constante del activismo que aparenta hacer muchas cosas pero que finalmente queda en nada. La plena sumisión a la voluntad de Dios les llevará a realizar en sus propias vidas la promesa del Señor de recibir el ciento por uno en la tierra y la vida eterna en el Cielo.
Reginaldo y Sebastián, su ordenación presbiteral en esta Diócesis de Villarrica es una significativa expresión de cuán católica es la Iglesia. El Papa Francisco dice que somos “hermanos todos” (fratelli tutti). ¡Cuánto tienen que aportar ustedes desde sus particulares carismas y cuánto tienen que recibir de una Diócesis rica en historia y vida eclesial! En la comunión de la Iglesia estamos llamados a anunciar a Jesucristo y a dar testimonio del amor cristiano “para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21).
La presencia de estos dos hermanos nos tiene que hacer intensificar nuestra oración por las vocaciones sacerdotes para que ellas surjan también de nuestras comunidades parroquiales y llevarnos a la conversión pastoral para que los niños y jóvenes descubran su propia vocación.
Hermanos aquí presentes y a los que nos siguen por internet, les pido oración por nuestros hermanos Reginaldo y Sebastián, porque son débiles y pecadores. Experimentarán las tentaciones del demonio, los halagos del mundo y incitaciones de la concupiscencia. Oren para que sean siempre fieles sacerdotes, fuertes en los tiempos de desolación y agradecidos en tiempos de consolación. Y para que su vida esté toda al servicio de Cristo, de su Iglesia y de cada uno de Ustedes en todo lo que se refiere a Dios.
Por último, encomendamos a nuestros hermanos Reginaldo y Sebastián a la maternal protección de la Virgen María. Que puedan escuchar de Ella lo que dijo a San Juan Diego: «¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?».
A Jesucristo el Señor, Sumo y Eterno Sacerdote, sea todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
+ Francisco Javier
Diócesis de Villarrica
Gerónimo de Alderete, 939
Fono: +56 (45) 2202600
Villarrica, Araucanía
Chile
Perteneciente a la Provincia Eclesiástica de Concepción