



La noche de este miércoles 5 de abril, en la Catedral de Villarrica se desarrolló como es tradicional la Misa Crismal, actividad mediante la cual el presbiterio renueva las promesas sacerdotales, se consagra el Crisma con el que se ungirá a los bautizados y confirmandos, y se bendice el óleo de los enfermos. La Misa Crismal 2023 fue acompañada por los diáconos y la asamblea de fieles que llegó hasta el templo.
“Agradezcamos poder contar con ellos en nuestras comunidades, para así poder recibir a Cristo mismo en la Eucaristía, el Pan vivo bajado del Cielo, su Carne que da vida al mundo, su Sangre que mantiene siempre presente la nueva y eterna alianza entre Dios y los hombres”.
“Agradezcamos al Señor tener a mano sacerdotes disponibles a absolver sus pecados, según las palabras de Cristo: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retengan, les quedarán retenidos”.
“Y también, agradezcamos que nuestros sacerdotes puedan confortar a sus familiares que están afectados por una dolencia física más o menos grave o son ya ancianos, ungiéndolos con el Sacramento de la Unción de los enfermos”.
“Hoy consagraremos el Santo Crisma y bendeciremos los óleos para los enfermos y los catecúmenos. Ellos significan en gran medida la razón del sacerdocio ministerial en la Iglesia y su servicio a los hermanos”.
La Misa Crismal que celebra el obispo como Pastor con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él.
El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautismo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos. La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción. En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas que se guardan en un lugar previamente destinado dentro de la Iglesia.
Todo el ritual es una reafirmación del pueblo cristiano en este tiempo con su Iglesia particular, que en esta época va en camino Sinodal como lo ha expresado el Papa Francisco.

En Semana Santa, año a año, recordamos el acontecimiento de la Resurrección de Cristo. La historia nos precisa la fecha y el lugar de este hecho. Hay numerosos testigos de la presencia de Cristo resucitado. Los mismos que lo han visto crucificado y muerto, son los que ahora, estupefactos, constatan que está vivo. Llenos de estupor tienen que reconocer que no es un fantasma quien se les manifiesta, sino que es el mismo Señor Jesucristo realmente resucitado con su propio cuerpo humano, pero ya no sometido a la vulnerabilidad de la muerte, sino glorioso, transfigurado e inmortal.
En los Evangelios se relatan las distintas ocasiones en las que Cristo se presenta vivo a sus discípulos. A Él lo pueden ver, oír y tocar. San Pablo nos dejó un resumen de esto: “Porque les transmití a ustedes, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí” (1 Cor 15, 3-8).
La Resurrección de Cristo es un acontecimiento único en la historia de la humanidad. Es tal su trascendencia que no sólo cambió totalmente la vida de sus Apóstoles y discípulos, sino la del mundo entero. Todo el devenir social posterior, hasta nuestros días y hasta la consumación final de la historia, está marcado y orientado por el misterio de Cristo.
El comportamiento posterior de los Apóstoles a la muerte de Cristo es inexplicable si Él hubiese permanecido muerto. Sólo un hecho tan extraordinario como el de la Resurrección explica el cambio de conducta de los discípulos y la nueva dimensión de sus vidas. Algo pasó que todo lo transformó.
Estos días santos no son un mero recuerdo de un pasado sin proyección de futuro. Los cristianos sabemos, y así lo anunciamos, que Cristo es alguien vivo y presente en el devenir de la historia. Él “enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado”. Porque Cristo está vivo nos puede decir hoy: “Mira que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,4-5).
Alegrémonos por ser cristianos. Renovemos nuestra fe. Seamos hombres y mujeres de esperanza para un mundo marcado por el signo de la decadencia y de la muerte. El Espíritu Santo enviado de junto al Padre por Cristo sentado a su diestra nos ha convertido en hijos de Dios por el nacimiento nuevo del Bautismo: “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor 5, 17).
+Mons. Francisco Javier Stegmeier.
Obispo de Villarrica.

Hermanos en Jesucristo:
Con el Domingo de Ramos se inicio la Semana Santa. Esta celebración cristiana encierra en plenitud el verdadero sentido de la historia, de la entera humanidad y de cada persona, es decir, de cada uno de nosotros.
A partir del pecado de nuestros primeros padres, todos los hombres “habitan en tinieblas y sombras de muerte” (Lc 1,79). La realidad del dolor está transversalmente presente en todos los tiempos, en todas partes, en todos los pueblos y afecta a cada individuo, sin excepción. La causa de este mal es aquel acto libre del primer hombre que decide “ser como dios” (ver Gn 3,5), pero sin Dios, más aún, contra Dios, rechazando su amor y no queriendo amarlo con todo su corazón.
La consecuencia del rechazo de Dios está a la vista. La persona humana padece la desintegración de su ser, según palabras de San Pablo: “Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco” (Rm 7,15). El Salmista entendió la razón de este comportamiento: “Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre” (Sal 51,7).
El pecado original de nuestros primeros padres y el nuestro personal también desintegra la convivencia fraterna y la vida social. A mayor lejanía de Dios, más se deshumaniza la persona y la sociedad. Una y otra vez se repite la tragedia de que, si se rechaza a Dios, el hermano mata a su hermano: “Se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató” (Gn 4,8).
El rechazo de Dios es la última explicación de la cada vez mayor desintegración social, expresada en todo tipo de violencia, en el desenfreno moral, en la crisis de la familia y de la educación, en la delincuencia descontrolada.
¡Cuán cierto es que “si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila los centinelas” (Sal 127,1). Como nunca se multiplican las medidas de seguridad para evitar la delincuencia: leyes más severas, aumento de dotación policíaca, más rejas y cámaras de seguridad…, pero, de igual modo, como nunca está desatada la delincuencia. Si Dios está ausente del corazón del hombre y de la sociedad, todo es en vano.
La solución a tan grave problema es sencillo y está a la mano: Volver de corazón al Señor, reconocer a Cristo como el único que puede quitar el pecado del mundo, sanar sus heridas en el hombres y devolvernos la vida divina que por el pecado habíamos perdido.
La celebración de Semana Santa es volver a poner en el centro aquel acontecimiento que cambió para siempre la tragedia de muerte del pecado en esperanza cierta de poder poseer vida eterna: Cristo, el Señor, con su muerte destruyó el pecado y la muerte y con su Resurrección nos dio vida eterna.
Hace treinta y seis años, San Juan Pablo II nos dijo esto mismo en su visita a Chile: “Miren al Señor… Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él sólo hay oscuridad y muerte. Ustedes tienen sed de vida. ¡De vida eterna! Búsquenla y hállenla en quien no sólo da la vida, sino en quien es la Vida misma… ¡Busquen a Cristo! ¡Miren a Cristo! ¡Vivan en Cristo!”.

Con mucha alegría y en un templo lleno de fieles después de mucho tiempo, el pasado domingo 26 de marzo de 2023, hizo la toma de posesión el P. Jorge Ruiz como párroco de la parroquia Inmaculada Concepción de Boroa.
También le pido a la comunidad que ayuden al Padre Jorge, solo juntos podremos ser una Iglesia en Salida, una Iglesia Sinodal, como nos lo pide el papa Francisco en esta invitación al Sínodo.
Tras la homilía, el nuevo párroco hace su profesión de fe y a renovar sus promesas sacerdotales frente a su nueva comunidad parroquial, para después recibir los signos que lo confirman en su nuevo servicio pastoral.
Al finalizar la Eucaristía, la comunidad compartió fraternalmente con su nuevo párroco.

La tarde del pasado domingo 19 de marzo, se llevó a cabo la ceremonia de creación de la nueva parroquia del sector segunda faja de Villarrica junto con la toma de posesión de su primer párroco, Pbro. Ramón Pérez.
La nueva parroquia del sector Segunda Faja que comprenderá once comunidades rurales, es creada desmembrándose de la parroquia San Francisco de Asís de Pucara, Villarrica.
Por su parte, Monseñor Francisco Javier aseveró en su Homilía que: “Hoy día, le estamos pidiendo al Señor también la gracia que conceda a nuestro hermano Ramón, todo lo que significa ser como Cristo el buen pastor, es el que da la vida por las ovejas, el buen pastor es aquel que conoce a sus ovejas, el buen pastor es aquel que ama a Jesucristo”.
“Así que el Padre tendrá que dedicarle mucho tempo al ministerio de la palabra, un bonito desafío sería salir e ir casa por casa golpeando las puertas para presentarse como su nuevo párroco. También tendrá que formar catequistas todas las semanas, dedicando tiempo a formar a los fieles a través de la catequesis y la homilía”.
Antes de finalizar la Eucaristía con la bendición, el Padre Ramón Pérez dió sus primeras palabras como nuevo párroco: “Muchas gracias por estar hoy día aquí, reunidos en este lugar, en un momento histórico para nuestra Diócesis. Les envío un saludo a cada una de las once comunidades rurales pertenecientes a la nueva parroquia, que Dios nos acompañe en esta hermosa tarea, estoy a sus disposición, que Dios les bendiga y muchas gracias”.
El pasado sábado 18 de marzo de 2023, a las 10:00 horas, se realizó la toma de posesión como Administrador Parroquial del Padre Reginaldo Dos Santos de la Parroquia San Sebastián de Freire.
Durante la celebración eucarística, el Padre Reginaldo hizo la Profesión de Fe y también renovó sus promesas sacerdotales.
Al final de la Misa los fieles de la comunidad saludaron con mucho cariño al Padre Reginaldo, quien recibió el afecto de su nueva comunidad parroquial y de los fieles de de Freire, donde le dieron algunos obsequios de bienvenida.
Hermanos en Jesucristo:
El 13 de marzo de 2013 era elegido Papa el Cardenal Jorge Mario Bergoglio. Es ocasión para renovar nuestra oración por él y nuestra sincera adhesión a quien reconocemos por la fe como el Sucesor de Pedro, querido por el Señor como la piedra sobre la que se edifica su Iglesia en la tierra (ver Mt 16,18) y el encargado de confirmar a sus hermanos en la fe (ver Lc 22,32).
Luego de diez años de Pontificado podemos tener una mirada retrospectiva de lo que ha sido su ministerio pastoral. Mucho se podría escribir y de hecho así ha sido. Pero sólo quiero destacar dos aspectos.
El primero se refiere a su lema como Papa que, en latín, es “Miserando atque eligendo”, cuya traducción sería: “Lo miró con misericordia y lo eligió”. Esta frase se inspira en el llamado de Jesús a Mateo, el publicano: “Vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme»” (Mt 9,9). Si algo ha caracterizado al Papa Francisco es la enseñanza acerca de la misericordia del Señor por nosotros. “Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia”. Toda la humanidad es contemplada por Dios con un corazón que se compadece por la miseria de hombres y mujeres, de la cual nadie escapa, porque, en definitiva, todos hemos de ser salvados del pecado y de sus consecuencias, como son el dolor, la muerte y la eterna condenación.
Solo nos puede salvar la misericordia del Padre manifestada por su Hijo, Jesucristo, y derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo a través de la Iglesia. Por misericordia pasamos de enemigos de Dios a ser sus hijos muy amados en el Bautismo. Frente al misterio de nuestro pecado y a la misericordia divina cae por tierra toda pretensión de auto salvación del hombre por medio de sus propias fuerzas y su sabiduría humana. De ahí la insistencia del Papa en rechazar la tentación siempre latente de pelagianismo y de gnosticismo, en definitiva, de mundanidad espiritual.
Como consecuencia, el Papa enseña “la infancia espiritual”, es decir, la necesidad de hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos (ver Mt 18,3), que es lo mismo que ser humildes y pobres ante Dios, como lo fue la Virgen María, San José y San Francisco de Asís.
Un segundo aspecto que destaco es cómo el Papa se refiere a lo esencial de la divina revelación y de lo que significa ser cristiano. Pienso que la elección del nombre “Francisco” va en esta línea. Francisco de Asís es el Santo que recibe del Señor la gracia de vivir en toda su radicalidad el Evangelio y ser un modelo de auténtico cristiano. Puede aplicarse con toda propiedad las palabras de San Pablo: “Con Cristo estoy crucificado; y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,19-20).
El Papa Francisco siempre termina sus intervenciones pidiendo que recen por él. Es lo que hacemos todos los días, pero muy particularmente este 13 de marzo.
Mons. Francisco Javier Stegmeier.
Obispo de Villarrica
En una solemne y emotiva Celebración Eucarística los fieles de la Parroquia Cristo Rey recibieron al Padre Carlos Sebastián Astudillo como su nuevo párroco.
Mons. Francisco Javier Stegmeier, Obispo de Villarrica, presidió la Eucaristía y la toma de posesión de la parroquia, donde el Padre Carlos Sebastián hizo su profesión de fe, renovó sus promesas sacerdotales, recibió la pila bautismal y las llaves del templo parroquial.
En la homilía Mons. Francisco Javier, Destacó que: “Padre Carlos Sebastián, le deseo la gracia, misericordia y paz de parte de Dios padre y de Cristo Jesús Señor nuestro. Así que padre Carlos Sebastián, tienes que dedicar tiempo para conocer a los fieles, a las comunidades, su historia, su costumbre y sus tradiciones”.
Al final de la Misa los fieles de la comunidad saludaron con mucho cariño al Padre Carlos Sebastián, quien recibió el afecto de su nueva comunidad parroquial y de los fieles de Teodoro Schmidt.
En la ciudad de Pucón, en una colina con mucha vegetación y una privilegiada vista del pueblo, el lago y las montañas, se encuentra el Monasterio “Santa Clara” de las Hermanas Clarisas Capuchinas de Claustro, bendecido el 19 de marzo de 1959.
La conformación de esta comunidad surgió del ahora Venerable Siervo de Dios, Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux, capuchino y más conocido en esta zona como “el Padre Pancho”, en ese entonces, ya primer obispo de Osorno (1956-1982).
Las Hermanas Capuchinas, siempre han tenido mucho amor por la liturgia y oración por el pueblo y las necesidades de la Iglesia, su vida contemplativa se desarrolla en la hermosa sincronización de la oración y el trabajo. Ellas viven de sus trabajos en chocolates, bordados y manteles, ornamentos litúrgicos y del altar.
El monasterio es un bello testimonio de la entrega total a Dios, donde las esposas de Cristo, se consagran totalmente a él, convirtiéndose en un pulmón espiritual para nuestra Diócesis.
Diócesis de Villarrica
Gerónimo de Alderete, 939
Fono: +56 (45) 2202600
Villarrica, Araucanía
Chile
Perteneciente a la Provincia Eclesiástica de Concepción